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¿Fue realmente una violación?


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Marcela y yo, Javier, somos una pareja joven, 23 y 25 años, nos casamos hace un año y por fin, habíamos podido comprarnos una casa, nuestro nidito de amor. La casa estaba a las afueras de la ciudad y necesitaba unos arreglos.

Con la compra, se había esfumado casi todos nuestros ahorros, pero tuvimos suerte, encontramos a un par de chicos jóvenes, tan solo 19 años que estaban dispuestos a hacernos el trabajo por un precio razonable. Al principio no confiaba mucho en su experiencia, pero poco a poco, fueron demostrando ser unos verdaderos manitas.

Oscar y Alex, así se llamaban, sabían de todo, albañilería, fontanería, electricidad, etc. Iban pasando los días y la casa ya empezaba a parecer un hogar. También iba aumentando la confianza en el trato con los chicos, observando yo en ellos como a menudo cuchicheaban entre ellos mientras desvestían a mi esposa con la mirada.

Esto me molestaba, pero comprendía que siendo Marcela tan guapa, era imposible que no llamara la atención de cualquier hombre. La describiré un poco. Ella es una mujer muy elegante, posee un cuerpo de infarto, no es muy alta, tiene unas piernas muy bien torneadas que terminan en un hermoso y un poco respingón culo, cintura estrecha y unos pechos preciosos que apuntan orgullosos al frente. Para rematar tan bella obra de la naturaleza, ella siempre usa faldas cortas, camisas ajustadas y zapatos de tacón.

Y es aquí, cuando empieza la historia. Yo había decidido pedir las vacaciones al mismo tiempo que se ejecutaban las obras, de esta manera, podía estar en casa supervisando el trabajo. Pero una semana antes de que el arreglo de la casa concluyera, me llamaron urgentemente de la oficina para que me incorporara.

Maldije mi suerte, y al mismo tiempo me dio cierta desconfianza dejar a Marcela solo con aquellos chicos y sus lascivas miradas. Por las mañanas cuando salía al trabajo, no veía la hora de volver a casa.

En fin la semana, se me hizo interminable, pero por fin llegó el día en que la casa estaba totalmente terminada, había quedado muy bien y Marcela y yo estábamos eufóricos. Esa noche salimos a cenar para celebrarlo, y luego rematar la celebración con un buen polvo. Dicho y hecho, fue un polvo memorable, Marcela estaba irreconocible, nunca la había visto tan agresiva en la cama, yo lo atribuí a la gran alegría por tener de una vez una casa en condiciones, y no le di más importancia.

Pero que equivocado estaba. Dos semanas después, llegó a mi oficina, un paquete a mi nombre, era una cinta de video. Estaba intrigado, por suerte tenía un televisor y vídeo en la oficina y me dispuse a saciar mi curiosidad.

Quedé sorprendido al ver la primera imagen, era nuestro dormitorio, se veía perfectamente toda la habitación y poco a poco el zoom fue acercándose hasta la cama, quedando esta en primer plano.

La siguiente imagen, era la de Oscar dirigiéndose a mi:

Hola Javier, tu hermosa mujercita, aún no lo sabe, pero va a ser mía, la voy a follar hasta la extenuación.

El corazón me dio un vuelco, no podía creérmelo, le di a la tecla de visualización rápida, hasta que apareció Marcela en escena. Se veía como entraba en la habitación con unos paquetes en la mano, y cerraba la puerta tras de si.

No parecía que hubiera nadie con ella, sacó algo de uno de los paquetes, era un conjunto de lencería, se desnudó y se lo puso, estaba realmente preciosa con el. Sin darme cuenta, la polla se me había puesto dura.

Inmediatamente, apareció Oscar en la imagen, totalmente desnudo y acercándose por detrás. Aquel desgraciado tenía un rabo nada despreciable. Cuando ella se dio cuenta, era demasiado tarde, se abalanzó sobre ella y la empujó con fuerza sobre la cama.

El zoom comenzó a funcionar, alguien lo manejaba a distancia, quedando la cama y ellos dos en primer plano. Marcela forcejeaba y gritaba que la dejara. Oscar riendo, le decía que no se resistiera, que la final seguro que acabaría gozando de lo lindo.

Ella trataba de zafarse sin conseguirlo. Oscar de un tirón rompió su tanga, con sus fuertes muslos le separó las piernas y mientras la sujetaba fuertemente por los brazos, se la clavó sin compasión.

Marcela emitió un fuerte alarido, seguía forcejeando inútilmente. Oscar la follaba despacio pero con autoridad y profundamente.

Me haces daño cerdo, gritaba mi esposa.

Eso es ahora pequeña zorra, dentro de poco me suplicarás que no pare, respondió Oscar.

Entonces comenzó a follarla con vehemencia, poco a poco sus gritos se fueron apagando. Es seguía sujetándola, pero ya no había resistencia por parte de ella.

Yo no podía ver su cara, ya que estaba mirando en dirección contraria hacia donde estaba la cámara. De pronto Oscar dejó de sujetarla, sin dejar de penetrarla se arrodilló frente a ella, la agarró de las caderas elevándoselas y siguió follándola, mas despacio, recreando su mirada en como su polla la poseía.

El zoom volvió a funcionar, acercándose poco a poco, hasta que pude apreciar con todo lujo de detalles como aquel imponente miembro horadaba las profundidades de mi esposa. Ahora el plano volvía a alejarse dejando ver toda la cama, esta vez si pude ver la cara de Marcela que miraba hacia el techo, sin gritar, sin ofrecer resistencia y con la respiración acelerada.

Empecé a temerme lo peor, parecía que empezaba a gozar de la violación, empecé a oír lo que parecían, si, eran gemidos, y salían de la boca de Marcela. Joder, el cabrón había lo había conseguido, se la estaba follando y ella lo disfrutaba. Me sentía hundido, pero incomprensiblemente mi polla estaba dura y grande como nunca.

No quería reconocerlo, pero me excitaba ver a aquel desgraciado poseyendo a mi esposa y ella gimiendo de gusto.

Volví a centrarme en la película. Oscar poco a poco fue incorporándose sobré ella, con sus manos apoyadas en la cama a cada lado de Marcela y los brazos extendidos. Su cara quedaba a cinco dedos de la de mi esposa, acercó sus labios y la besó suavemente, ella respondía a sus besos. Poco a poco sus lenguas se buscaron, hasta que se fundieron en un largo y profundo beso.

Marcela se aferraba a la espalda de su "violador", cuando terminaron de besarse, Oscar aumento el ritmo de la cabalgada y los gemidos de mi esposa se hicieron más audibles, retumbando en mi cabeza para mayor desesperación mía.

Su hermosa cara, miraba ahora hacia la cámara, probablemente ella no sabía que la filmaban, y en ella se reflejaba el placer que estaba recibiendo. Oscar también miró a la cámara y sonrió maliciosamente, al tiempo que comenzó a follarla con mas fuerza y más rapidez.

Ahora tenía ante mí, un primer plano de la cara de Marcela, jadeando y pidiéndole que no parara de follarla, tal y como el había vaticinado. Oscar siguió follándola con fuerza hasta que ella se estremeció bajo el presa de su primer orgasmo.

Sin darle tregua, la puso a cuatro patas, se colocó detrás y volvió a ensartarla. Marcela emitió un leve quejido, evidentemente su sexo ya se había adaptado a aquella verga. Oscar la agarraba por las caderas y la cabalgaba como si huyera del mismísimo diablo, a pesar de los gritos de placer de Marcela, se podía oír el golpe de su pelvis golpeando contra el culo de mi esposa a cada embestida.

Esta vez fue el cuerpo de Oscar el que se tensó arqueándose hacia atrás preludió de una gran corrida que inundaría todo el sexo de Marcela, quien a su vez nada mas sentir el calor del semen cayó presa de un segundo y mas intenso orgasmo.

La siguiente imagen que vi fue la de mi esposa y su " violador ", yaciendo uno junto al otro abrazados.

El final de la cinta era una dedicatoria de Oscar en la que me agradecía el haberle dejado a mi esposa a su cuidado durante aquella semana.

Nunca desvelé a Marcela la existencia de aquella cinta, la conservo en mi oficina y he de reconocer que muchas veces me he masturbado viéndola.

(8,17)

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