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Sin consentimiento


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Hace ya casi medio año que pasó lo que voy a contaros.

Cierto día que me encontraba mirando la sección de parejas liberales de una página de contactos con el único motivo de morbosear con cosas que jamás llegaría a realizar, ya que yo era incapaz de proponer a mi mujer un intercambio de pareja o hacer un trío con otro hombre u otra mujer, porque sabía que ella se lo tomaría fatal y me tacharía de depravado. Un anuncio me llamó poderosamente la atención, en el título ponía: “Quieres ver como dos o más tíos abusan de tu mujer”, abrí el anuncio para ver su contenido que era este: “¿te gustaría ver como varios tíos muy bien dotados abusan de tu mujer?, preparamos contigo la situación que quieras, podemos hacerlo de acuerdo con ella o, si sabes que tu mujer haya tenido la fantasía de que abusen de ella o que la violen, podemos hacerlo sin que ella esté al corriente”.

Yo sí que había fantaseado mucho con contemplar como varios tíos bien dotados se follaban a mi mujer delante de mí, y eso exactamente era lo que proponían en el anuncio. Estuve meditando el responder a ese anuncio, sólo pensar el llevarlo a cabo me provocaba una excitación tremenda, pero ¿sería yo capaz de ayudar a preparar la violación de mi mujer?, me animé y respondí al anuncio, di una dirección de mail que abrí para la ocasión, le pregunté si habían preparado algo así con anterioridad, también que cuantos tíos podrían ser y si de verdad estarían dispuestos a realizarlo sin el consentimiento de ella, también le pregunté cómo eran físicamente y que tal estaban de dotación, ya que mi fantasía era ver a varios tíos muy bien dotados follándose a mi esposa.

Al día siguiente me devolvió la respuesta, me comentó que ya habían preparado antes algo pero con el consentimiento de la mujer, que habían hecho un amigo y él un simulacro de violación, pero que sólo lo pareció al principio, porque la mujer al poco de empezar se entregó a tope y también terminó participando el marido. Me dijeron que sin consentimiento de ella nunca lo habían hecho y que yo debía garantizar que nunca terminaría la cosa con una denuncia. También me contaron que podían ser hasta cuatro, y que todos ellos eran bastante fuertes y estaban muy bien dotados, con alrededor de veinte centímetros de verga los cuatro.

Yo les contesté que les garanticé que disuadiría a mi mujer si llegado el caso ella quisiera denunciar, les pedí si los podía conocer antes, pero con el que me escribí prefería que no lo hiciéramos personalmente y me envió las fotos de las poyas de dos de ellos diciéndome que eso era lo que le meterían a mi mujercita, y la verdad es que esas poyas eran impresionantes, superaban el tamaño de la mía en varios centímetros de largo y de grosor. Me pidieron alguna foto de mi mujer y que concretásemos un lugar solitario donde hacerlo. Yo le propuse que, para hacerlo más real y que mi mujer no sospechase que yo pudiera estar compinchado, fuesen realistas amenazándome y que incluso podían darme algún guantazo.

Mi mujer y yo salíamos algunas tardes por el paseo del río, pero casi siempre nos volvíamos antes de llegar a una zona muy solitaria y llena de vegetación en la que era raro ver a alguien, les propuse que nos esperasen por allí el sábado sobre las seis de la tarde, yo convencería a ella de que siguiésemos el paseo un trecho más adentrándonos en esa zona. Así lo hice, me fue fácil llevar a mi mujer a dar un paseo por el río, a ella ese lugar le encantaba, con la excusa de orinar donde no hubiese nadie la convencí de andar un poco más hacia la zona más solitaria. Ya estábamos por el sitio convenido pero yo no veía a nadie, pensé que se habrían arrepentidos y que no vendrían, me salí un momento del camino para orinar junto a unos arbustos, mi esposa desde el camino me dijo en voz alta “date prisa, me quiero ir, y se acercan unos tíos que no me gustan, me parece que llevan la cabeza cubierta”, me imaginé que eran ellos y empecé a ponerme bastante nervioso, me estaba arrepintiendo y al parecer ya no había vuelta atrás. Salí al camino abrochándome la portañuela y vi a cuatro tíos que se acercaban corriendo hacia nosotros con indumentaria de deporte y las cabezas tapadas con unos pasamontañas que sólo les dejaban al descubierto los ojos y la boca, tres de ellos eran bastante altos y todos estaban muy fuertes.

Mi mujer estaba bastante nerviosa, intentó salir corriendo pero uno de ellos la alcanzó de inmediato agarrándola del brazo. Alzando la voz dije “que cojones queréis”, de repente recibí un guantazo en la cara y uno de ellos dijo “oye gilipoyas, no eches cojones porque te los corto, andando para allá”, señalando a la zona en donde yo había ido antes a orinar; el más grande de ellos me agarró por detrás del cuello y otro agarró a mi mujer por el brazo llevándonos hacia la zona de los arbustos. “Poneros esto y no se os ocurra quitároslo si no queréis que pase algo chungo”, nos dijo uno de ellos mientras nos entregaban unos pasamontañas como los que llevaban ellos pero que tenían la zona de los ojos cubiertas. Mi mujer se puso a suplicar gimoteando “por favor dejadnos, por favor”, uno de ellos le dijo “si te portas bien os dejamos rápido, así que se buena mamándonos las poyas, mejor que te relajes y disfrutes y no te resistas”. Mi esposa todavía no se habría puesto el pasamontañas, porque mientras dos de ellos me acercaban a un árbol delgado pasando mis manos por detrás y me las ataban fuertemente, oí como ordenaban a mi esposa que se pusiese de una vez el pasamontañas, mientras me ataban yo hice la simulación de resistirme y me dieron otro guantazo mientras uno nos decía “no se os ocurra gritar que os parto los dientes a hostias”, mi mujer tuvo que ver el guantazo porque se puso a suplicar“ por favor no le peguéis más, haré lo que queráis”, en ese instante mi mujer se tuvo que poner el pasamontañas porque uno de ellos dijo: “bien, bájatelo bien que se te vea la boca y no se te ocurra subírtelo, porque si nos ves bien es cuando vais a tener problemas de verdad”; los pasamontañas eran muy ajustados y estaban reforzados por la parte de los ojos, lo que impedía ver absolutamente. Uno de los tipos me subió el pasamontañas destapándome los ojos para que pudiese ver la escena

A metro y medio de mí habían puesto a mi esposa de rodillas, estaba completamente inmóvil y llorando, uno de los tíos se sacó la poya y le dijo a mi mujer que empezara a comérsela, ella alargó los brazos sin saber dónde agarrar, se notaba que no veía absolutamente nada, el tipo que le ordenó que le comiese la poya le acercó las manos a su tranca, mi mujer agarrándola fuertemente acercó la boca y comenzó a tragarse aquel tremendo cipote. Otro se acercó por detrás de mi mujer y cogiéndole de las caderas la aupó para ponerla en pie, ella quedó de pie con el tronco doblado y agarrada a la cintura del tipo al que le estaba mamando el cipote, el que la aupó, tras bajarle las mallas y las bragas le agarro por las caderas y le introdujo de golpe su enorme poyón de unos veinte centímetros por el coño, mi mujer se sacó un instante el poyón que tenía dentro de la boca y soltó un pequeño grito, el que se puso a follársela empezó a decir “que coñito más bueno tiene la jodía, está estrechito como a mí me gustan, se nota que no se mete nunca una buena tranca como esta”, todo mientras le daba una follada tremenda metiendo y sacando su enorme poya en toda su longitud y con mucha rapidez.

Los cuatro se estuvieron intercambiando durante un buen rato en el que me pareció que todos ellos penetraron varias veces el coño y la boca de mi mujer, ella debía creer que yo también tenía cubierta la cabeza y que no estaba viendo nada, uno de los tipos se acercó a mi oído y susurrándome me dijo: “parece que a tu mujercita le está gustando, ya no llora y fíjate como mueve el culo empujándolo para que le lleguen las poyas bien dentro”; y era cierto lo que me susurró, un momento después vi como mi mujer tras haber estado moviendo el culo con mucho brío se paró un instante presionando hacia atrás para que le llegase la poya que tenía dentro hasta el fondo, y sacándose la tranca que tenía en la boca la entreabrió y noté como le temblaban las piernas y la mandíbula aguantando para no soltar un gemido, estaba teniendo un orgasmo y no quería jadear ni gemir seguramente para que yo no me percatase de lo que le estaba sucediendo, el que se la follaba se dio cuenta y empezó a acelerar el movimiento diciéndole: “chica, grita si quieres, ¿te da vergüenza que tu maridito sepa que te estás corriendo como una zorra?”, entonces ella lanzó un gemido mientras que llegaba el final de un tremendo orgasmo. Yo estaba completamente empalmado contemplando la tremenda follada que le estaban dando a mi mujer, y estaba seguro de que a pesar de que aquello era una violación ella estaba disfrutando de esas monumentales poyas como una auténtica zorra.

No sé si por miedo y obediencia a sus violadores o porque le estaba gustando, pero cada vez que le plantaban una poya en los labios mi mujer se ponía a mamarlas como jamás había hecho conmigo, mi poya es de un tamaño normalito, erecta puede medir unos doce o trece centímetros, y mi esposa jamás se la había introducido entera en la boca, decía que le daban arcadas si le llegaba a la garganta; pues estos tipos tenían todos unas trancas que de seguro medían al menos los veinte centímetros y bastante más gruesas que la mía, y ella se las estaba tragando bastante más de la mitad, por lo que de seguro que les estaban llegando a la mismísima garganta, y no se veía que ninguno de ellos la forzase para que se la metiera bien profunda en la boca, sino que ella era la que se las deslizaba para dentro y fuera moviendo su cabeza. Uno de los tipos se acercó a mi oído y me dijo: “ostias, que bien mama las poyas tu mujercita, me he tenido que quitar porque estaba a punto de correrme y todavía le tenemos que dar un poco más para que su coñito quede bien satisfecho”.

Uno de ellos le preguntó a mi esposa en voz alta: “¿te folla el culo alguna vez tu maridito?”, ella respondió la verdad que era que no, entonces le volvió a hacer otra pregunta: “¿y ningún otro te lo ha follado nunca?”, ella volvió a responder que no, entonces dijo el mismo tipo: “pues parece ser que voy a ser el primero en estrenarlo”; mi esposa comenzó a suplicar “no por favor, por el culo no, por favor no me las metáis por ahí”. Mi mujer rara vez consintió que le metiese un dedo por el culo, cosa que me gustaba hacerle mientras que me la follaba estando ella a cuatro patas, casi siempre me apartaba la mano y me decía “no, no lo intentes”, sólo alguna vez en la que se había bebido alguna copa y se encontraba bien caliente y desinhibida me dejaba que le metiese el dedo completamente, pero siempre me decía “no pretendas metérmela por ahí”, en fin, nunca me dejó, pero a mí sí que me hubiera gustado.

Aquel tipo acercó su cara al culo de mi mujer lanzándole saliva hacia el ano mientras ella seguía suplicando para que no se la follasen por el culo, le dio un gran guantazo en el culo y le dijo que dejase de gimotear, vi como le introdujo un dedo por el ano y después dos, sacó sus dedos y acercándose la mano a la boca se echó saliva sobre los tres dedos centrales que los mantenía unidos, acercó estos dedos de nuevo al culo de mi esposa y se los estuvo metiendo y sacando lentamente durante unos segundos, al momento de sacarle los dedos del culo la agarró por las caderas y le introdujo su grandioso cipote de unos veinte centímetros por el ano, al principio mi mujer gritó un poco, pero a los pocos segundos dejó de gritar y pude observar como de nuevo movía el culo, parece que ya no le estaba sentando tan mal el que ese tipo la estuviese enculando, al cabo de un par de minutos de mete saca por el culo de mi esposa, mientras otros dos se turnaban para mantenerle rellena la boca, el tipo que la enculaba se corrió dentro de ella, tras sacarla se limpió con un pañuelo y se subió los pantalones de deporte, fue el único que se la folló por el culo, del resto, otros dos terminaron corriéndose dentro del coño de mi esposa y el cuarto le dijo que abriese bien la boca y vi como depositó dentro de ella una abundante corrida, solo había visto algo así en alguna película porno y creía que ningún tío podría echar tal cantidad de semen, tras escurrir hasta la última gota dentro de la boca de mi esposa le ordenó que se lo tragase, contemplé el movimiento de boca y garganta de mi mujer engullendo el semen de aquel tipo.

“Puedes subirte las bragas y las mallas, pero no se te ocurra quitarte el pasamontañas hasta que cuentes trescientos, hemos mirado en el macuto de tu marido y sabemos que tú te llamas Nuria y tu marido Pablo, sabemos dónde vivís y tenemos vuestros números de teléfono, así que tranquilitos, no se os ocurra denunciar, cuando termines de contar, dentro de unos cinco minutos, te quitas el pasamontañas que te lo dejamos de recuerdo y se lo quitas también a tu marido, lo desatas y podéis iros, pero no se te ocurra quitártelo antes, uno de nosotros puede estar vigilando y ya sabéis que sabemos dónde vivís”, esto fue lo último que escuchamos de ellos, uno de ellos me bajó el pasamontañas para que pareciese que yo también había estado cubierto todo el tiempo y se fueron.

Mi mujer, mientras yo contaba imaginariamente, comenzó a hablar: “¿y ahora que hacemos, denunciamos o no?, tienen nuestra dirección y me da miedo si quieren volver a hacerme algo, menos mal que no has podido ver lo que me hacían, creo que ha sido mejor que tuviésemos puesto los pasamontañas porque creo que no hubiésemos soportado ni tu ni yo el que estuvieses viendo como me violaban, ¿crees que ya me lo puedo quitar?”; yo le dije que esperase un momento, que no estaba seguro si de verdad alguno estaría vigilando de lejos o escondido.

Al minuto Alicia me quitó el pasamontañas y me desató, “¿te han pegado fuerte?”, me preguntó, yo le dije que no se preocupase por mí, que ella era quién se había llevado la peor parte, “¿han sido muy bestias?, creo que te han follado hasta por el culo ¿te ha dolido mucho?, le pregunté simulando que yo no había visto nada. “Si, uno de ellos me la ha metido por ahí, pero prefiero no hablar de lo que me han hecho, hazme caso, mejor será que no lo sepas y que ambos lo olvidemos, pero nunca más volveré a andar por un lugar solitario”. Nuria cogió los dos pasamontañas los metió en mi macuto y nos fuimos.

Estuvimos unas dos semanas sin volver a tener sexo, yo no se lo pedía y tenía remordimientos por haber planeado junto a unos macarras la violación de ella, pero cuando un día ella me dijo que nos fuésemos a la cama a hacer el amor y me preguntó si me importaba el que ella se pusiese el pasamontañas que se había guardado, comprendí que quería recrear aquella situación, y que seguramente le excitaba el sentirse violada. Después de estar un rato follándomela estando ella a cuatro patas le eché un poco de saliva hacia la raja del culo y comencé a meterle un dedo, ella me dijo que si yo lo quería podía follarle por ahí, cosa que por primera vez hice muy gustosamente.

El tipo con el que organicé la violación de mi mujer y yo seguimos durante un buen tiempo enviándonos correos, a ambos nos gustaba morbosear con lo que habíamos llevado a cabo, él con haber violado a mi esposa y yo con haberlo contemplado, le conté lo que había pasado, eso de que mi mujer me hubiese dejado follármela por el culo y el que se pusiese el pasamontañas para follar, él me contestó que ella disfrutó mucho aquella tarde y que lo recordaba con morbo. Pasados dos meses me llamó por teléfono y me contó que días antes había llamado también por teléfono a mi mujer y que ella había accedido a quedar con él, me contó que la citó junto a la puerta de una farmacia del centro y que él y otro de los que habían participado en la violación la estuvieron observando un rato pero no se fiaban de que fuese alguna trampa y hubiese ido a la policía, hasta que la llamó de nuevo estando a apenas diez metros de ella y se cercioraron de que iba sola, se acercaron y descubrieron sus identidades. “Chico, de verdad que a tu mujercita le gustó lo que le hicimos ese día, es una buena morbosa, porque no ha tenido ningún reparo en que nos la lleváramos al mismo sitio del río en el que la violamos aquella tarde, y esta vez sin capucha nos ha estado haciendo unas mamadas espectaculares, después nos la hemos follado por delante y por detrás, ¿y sabes lo mejor?, nos preguntó por los otros dos, le he dicho que sin problema, que si quería otra vez con los cuatro los llamaría, hemos quedado dentro de dos días con tu mujercita para volver a follárnosla entre los cuatro, y si tu quieres, voy a poner una cámara para grabarlo y que puedas ver lo que haremos con ella”. Yo me quedé perplejo, jamás hubiese pensado que a mi esposa le fuese ese rollo, nunca había sido excesivamente mojigata en el sexo, pero que volviese al mismo sitio donde la violaron con dos de sus violadores para que se la volviesen a follar y además pidiese repetir con los cuatro tíos que la violaron era demasiado, no me hacía ninguna gracia la idea, me sobraba con todo lo que ya había pasado y se me estaban quitando las ganas de volver a morbosear con todo aquello; pero yo no podía hacer nada sin descubrirle que yo había estado detrás de todo, le pedí al tipo con el que lo planeé todo que por favor lo dejase, que no volviese a quedar con mi esposa, pero él me dijo que si ella quería se la follarían, que yo no podía hacer nada por evitarlo, y que incluso si yo le contaba todo a mi mujer era posible que ella pasase de mí y siguiera buscándolos, ya que después de haber probado a ser follada por cuatro machos de verdad con unas buenas poyas ella iba a querer seguir probándolas, no se iba a conformar con lo que había tenido hasta entonces, también me dijo que, si quería seguir conservándola a mi lado lo mejor que podía hacer era no hacer nada. Yo me quedé esperando a que mi esposa por si sola recapacitase y pasase de quedar con esos cuatro tipos.

A los dos días, mientras yo estaba en el trabajo llamé al móvil de Nuria que tardó un buen rato en contestar, al coger la llamada me contestó con la voz bastante alterada, como si estuviese haciendo un gran esfuerzo, me preguntó qué es lo que yo quería y me tuve que inventar rápidamente una excusa, le pedí que mirase si había dejado en lo alto de la mesa del salón unos papeles, ella me respondió que se había ido al centro a ver ropas, le dije que tenía la voz bastante alterada y ella me dijo que había estado agachándose para probarse unas botas y le había costado mucho quitárselas. Yo sabía que me estaba mintiendo, sabía que estaba con esos cuatro follando como loca y que de eso tenía la voz alterada, pero yo me lo tenía que tragar.

Al cabo de una hora me llamó el macarra que se la habría estado follando junto a los otros tres, me dijo que me había enviado el vídeo que grabó con la cámara que ocultó y que de seguro me encantaría verlo, “ah, qué bien miente tu mujercita, fue muy bueno cuando la llamaste, creí que iba a descubrir la cámara, porque la tenía colocada a medio metro de donde ella dejó el móvil, tienes que verlo, antes de que cogiera tu llamada la agaché y le metí toda mi tranca por su coño, no sé ni cómo pudo hablar contigo porque mientras lo hacía le estuve dando un mete saca de los buenos. Ya me contarás”.

El morbo me pudo, abrí el correo y descargué el archivo de video que me envió. Nada más empezar vi a mi mujer que ya estaba completamente desnuda entre dos tipos, uno la tenía aupada cogida por los muslos y le estaba metiendo su verga por el coño, mientras otro por detrás hacía lo propio pero por el culo, era impresionante, los dos tipos de pie la tenían levantada del suelo y la tenían completamente clavada a dos enormes poyas, al poco la bajaron y la hicieron colocarse encima de otro que estaba retrepado en un sofá para que se clavase por el coño la enorme tranca de este, el que antes le follaba el culo volvió a hacerlo, se le acercó por detrás y le penetró de nuevo su poyón por el culo mientras que ella estaba ya clavada por delante, otro se acercó por un lado ofreciendo su miembro a la boca de mi esposa, quién no dudó ni un instante en tragárselo, por último, el cuarto tipo se acercó por detrás del sofá y mi mujer cogió fuertemente su verga para masturbarle. Estaba contemplando como mi esposa estaba siendo penetrada por todos sus orificios por unas poyas impresionantes y todavía era capaz de apretar fuertemente otra con la mano. De repente ocurrió algo, era mi llamada, mi mujer tenía puesto un tono especial a mis llamadas, por lo que ella sabía que era yo, soltó de golpe la poya que tenía agarrada al tiempo que dejaba de comerse la otra que tenía rellenándole la boca, dijo algo y el que la penetraba por el culo se retiró, pero se notó que lo hizo a regañadientes, vi como se acercó Nuria hacia su bolso, la vi en un primer plano buscando el teléfono con la cara muy excitada y con las tetas de primer plano, vi como el que había estado retrepado en el sofá se levantó y justo antes de que Nuria cogiese el móvil la cogió por la cintura, le tuvo que meter tal como me contó todo su poyón por el coño, lógico que tuviese la voz alterada cuando hablé con ella, le tambaleaban las tetas y su cara se desplazaba hacia delante y hacia atrás en cada embestida que le daba ese tipo mientras ella hablaba conmigo. Nada más colgar el teléfono ella se quedó apoyando los brazos sobre la mesa en la que tenía el bolso y vi como se fueron turnando los cuatro follándosela por detrás, imagino que lo harían según sus preferencias, algunos por el coño y otros por el culo, aunque el vídeo no tenía sonido se veía claramente cuando mi mujer tuvo alguno de los orgasmos que le provocaron, tenía su cara y sus tetas casi en primer plano y contemplé como abría la boca seguramente gritando y gimiendo mientras apretaba los ojos por el tremendo orgasmo que estaba teniendo. Finalmente la pusieron de rodillas de perfil a la cámara y se fueron corriendo dos de ellos en su boca y cara, seguramente los otro dos ya habían hecho lo propio en su coño o en su culo. Mi esposa se puso en pie y se retiró por una puerta, justo entonces vi como un brazo se acercaba a la cámara terminándose el vídeo.

Al volver a casa a la hora de comer encontré a mi mujer en la cocina terminando de preparar el almuerzo, le di un beso en los labios y le pregunté si había encontrado algo que le gustase, Nuria me respondió que se había probado muchas cosas pero que ninguna de ellas le había convencido, “la semana que viene volveré a ver si encuentro algo que me vaya bien”, me dijo. Me dirigí al cuarto de baño a lavarme las manos para de comer, pero antes de hacerlo abrí el cesto de la ropa sucia y justo arriba de toda las prendas encontré lo que buscaba, no creo que Nuria imaginase que yo podría hacer algo así, porque de imaginarlo las bragas que se había quitado recientemente las habría puesto debajo del resto de ropa, las saqué para ver si estaban pringadas y olisquearlas. En muchas ocasiones tras hacer el amor yo le pedía a Nuria que se pusiera directamente las bragas sin lavarse y que después de tenerlas puestas un buen tiempo me las entregase para olerlas, ella me decía que no comprendía que me gustase olerle las bragas después de expulsar de su sexo los restos de semen y excesos de flujos vaginales que se producen al follar. Hace unos meses, unas horas antes de irme a un viaje de trabajo estuvimos follando y después nos fuimos a comer a un bar cercano a la estación de trenes a la que Nuria vino para despedirme, antes de que yo subiese al tren ella entró en el aseo y al salir me entregó las bragas que se había quitado y que llevaba reliadas y apretadas en el puño, “toma, para que por la noche las huelas y te acuerdes de mí, he hecho lo que a ti te gusta, no me he lavado después de hacerlo y te aseguro que me dejaste el chochito completamente empapado, así que creo que te van a gustar mucho”.

Las bragas que cogí del cesto de la ropa sucia estaban completamente empapadas, pero no solo de su flujo, eran unas bragas blancas de encajes tipo culotte que yo le había comprado hacía apenas cuatro meses, debido al color blanco se podía observar bien el color de la pringue de la que estaba llena, tenía una mezcla de todo, de flujo, de semen y probablemente algo de sangre del ano, porque en la parte más trasera tenía lo que parecía ser restos de semen con partes de color rojizo de sangrado.

El recordar la imagen de mi esposa siendo penetrada por esos macarras me producía unos sentimientos contradictorios, por una parte ardía de celos y por otra de excitación. Me fui a la cocina y agarré a Nuria por detrás, le dije que antes de comer me apetecía muchísimo que follásemos, ella se puso a poner escusas de todo tipo para no hacerlo, con la caña que le habían dado antes debía tener sus orificios completamente irritados, pero yo me puse a quitarle poco a poco las prendas que llevaba puesta, finalmente le bajé las bragas y la puse de espaldas a mí contra la mesa, justo de la misma forma en que hacía un rato se la habían estado follando aquellos cuatro, al penetrarle noté que su coño estaba más ancho que de costumbre, era normal, al fin y al cabo hacía un rato le habían estado metiendo cuatro trancas mucho más grandes que mi poya, antes de correrme eché un poco de saliva que se le deslizó por el canal de entre las nalgas hasta llegar al ano, saqué mi poya de su dilatado coño y se la metí por el culo sin que me costase trabajo alguno, y allí me corrí de momento. Tras retirarme, mi esposa se subió las bragas y empezó a ponerse la ropa que yo le había quitado y que había tirado por toda la cocina, “valla como venimos del trabajo”, me dijo antes de enmudecer tras observar las bragas manchadas que yo había dejado encima de una de las banquetas de la cocina, Nuria se dio cuenta de que yo había descubierto algo al ver esas bragas manchadas, sin dirigirme la mirada las cogió y las llevó al cesto de la ropa sucia.

Estuvimos comiendo todo el rato en silencio hasta que por fin le dije a Nuria: “¿de quién es el semen del que están pringadas tus bragas?, porque ¿no me dirás que esa pringue no tiene semen?, Nuria me pidió que le perdonase, que me prometía que nunca más volvería a serme infiel, pero que prefería no decirme con quien lo había hecho, que no significaba nada para ella.

Pasadas dos semanas volvió a llamarme el violador con el que yo había tratado todo y me preguntó si yo le había dicho algo a mi mujer, porque ella le había bloqueado el número de teléfono y aparte no cogía ninguna llamada desde otros teléfonos, yo le dije que sí, que se lo había contado todo y que dejase de molestarnos, porque de lo contrario le denunciaríamos, desde entonces no he vuelto a saber nada de él, y estoy casi seguro de que mi esposa tampoco.

Como yo estaba seguro de que Nuria anhelaría el tener sexo con varios tíos a la vez, hablé con ella y le pregunté si, después de lo sucedido, le gustaría meter alguna que otra vez a otro hombre en nuestra cama para hacer un trío, ella me sonrió y me dijo que si a mí me agradaba la idea que ella estaría dispuesta. Las dos primeras veces la compartí con un solo hombre, pero desde entonces, como veo que a ella le va mucho la marcha, he estado seleccionando en páginas de contactos a hombres con los que compartir a esposa, cada una o dos semanas busco a dos o tres tíos distintos, rara vez repetimos, salvo que a Nuria le guste alguno especialmente, en los cuatro últimos meses habré visto follarse a mi mujer al menos a treinta tíos distintos, y de casi todos aprendo algo nuevo que hacerle a ella, y ella es feliz y queda completamente saciada de sexo.

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