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(10) Reflexiones sin bragas


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Fue llegar a la puerta, llamar con los nudillos y abrir una universitaria hermosa y despelotada.

-Hola, vengo buscando a Ingrid Jiménez –aclaró Ana.

-Sí, se está duchando. Pasa.

-Gracias –entró hasta la zona de las camas.

-Si quieres entra en el cuarto de baño. Entre coños nos entendemos –rió la universitaria con gracia.

-Por eso me darás tus bragas y tu WhastApp antes de que me vaya –la guiñó Ana un ojito y dejando a la chica embelesada.

-Joder, ahora caigo, tú eres Ana Etxeberría, la reina del porno amateur. Tus videos están en el top 10 de pornotube. Los jeques de Dubai se pelean por ti como una jauría de lobos.

-Algo así.

-¿Tú crees que serviría para hacer videos pornos? –posó como una ramera reclamando clientes en el polígono.

-Si tienes coño puedes –la palmeó Ana en el culo para a continuación entrar en el cuarto de baño. En efecto, Ingrid acababa de ducharse y se secaba con una toalla. Al ver a Ana se quedó descolocada.

-¿Ana? ¿Tú qué haces aquí?

-Te lo dije. Te dije que te buscaría y eso se me da bastante bien.

-¿No puedes dejarme tranquila? No te debo nada.

-Pero yo a ti sí. Te jodí el trabajo de camarera y vengo a pedirte disculpas.

-Vaya, eso sí que es bueno. ¿Y crees que eso me sirve de algo? Me despidieron y ya no hay nada que hacer.

-Vengo en son de paz, Ingrid. Me sobrepasé, pero yo soy así.

-Menuda excusa me sueltas. Lo que tienes es mucha cara.

-Y también mucho coño –sonrió Ana de forma jocosa.

-No estoy para esto. Tengo clase en una hora.

-Dame una segunda oportunidad. Puedo ser la más puta pero también la amiga más fiel que puedas encontrar.

-Yo no soy tu amiga. Tuvimos sexo sin sentimientos y ya está. Me lo pasé de puta madre pese a todo, pero no creo que haya una próxima vez.

-Ingrid, yo arreglo los problemas en mi cama. Vienes, follamos, nos reconciliamos, y borrón y cuenta y nueva.

-No es tan sencillo. No soy como las guarras que te follas cada hora. Yo tengo dignidad y personalidad. Será mejor que te vayas. ¿Dónde cojones están…?

-Toma –le pasó Ana sus bragas.

-Gracias –las cogió Ingrid con desprecio y se las puso.

-Tienes ahora un polvazo de diez.

-¿Quién coño te crees que eres? No puedes ir por la vida destruyendo a la gente para triunfar tú.

-¿Por qué no?

-¿Cómo que por qué no? Porque no puedes. Hay algo que se llama decencia.

-La decencia acaba bajo el ombligo. Siempre lo digo.

-Pues por aquí no volverás a entrar –se agarró Ingrid la entrepierna.

-Ingrid, yo lo consigo todo en mi vida. Y si me retan me gusta más.

-Ana, vete a la mierda. ¿Lo has entendido?

-Cuando te enfadas aumenta tu hermosura.

-Que pares ya, joder. No conseguirás nada conmigo, ni siquiera un hola. Ahora largo.

-¿Cuánto necesitas para la matrícula?

-Ni me lo recuerdes. No creo que pueda matricularme. Necesito 1500 euros en tres días y no sé de dónde sacarlos. Me veo volviendo a mi pueblo como una puta fracasada.

-Puta sí. Fracasada no.

-¿Todavía sigues aquí? Que te largues, coño.

-Tienes una piel tan suave y tersa.

-¡No me toques, zorra! Yo también tengo mala leche.

-Uuuuh, ¿eres una chica dura?

-Sigue. Tú sigue burlándote. Que por ahí vas mal.

-Nos volveremos a ver, Ingrid. Te lo aseguro.

-No lo creo. La próxima vez te echo a patadas.

-Vaya, eso tengo que verlo. Seguro que te pones muy sexi.

-¿Te vas o te echo yo misma?

-Volveré para sorprenderte y seducirte.

-Ni se te ocurra volver, Ana. Ya me has fastidiado bastante. ¡Fuera ya!

Ana decidió hacerla caso y salió de baño.

-Hola, Ana, ¿quieres carne de primera calidad? –la esperaba la universitaria posando desnuda en la cama.

-Wow –arqueó las cejas Ana sin esperárselo.

-¿Me vas a dejar aquí solita y con el chirri calentorro?

Ana planificó en su cabeza y aceptó. Con tan solo tres movimientos se quedó del todo desnuda.

-Ven aquí, zorrón –la besó la universitaria nada más subir a la cama.

-Joder, estás ardiendo…

-Ardiendo por ti.

Ana tenía un ojo en la puerta del baño y otro en el coño de la universitaria. Empezaron un tira y afloja de besos, revolcones y restregones que duraron dos minutos.

Hasta que apareció Ingrid en bragas y sorprendida por lo que tenía delante.

-Daniela, ¿se puede saber qué coño haces? –se quejó Ingrid.

-¿No lo ves? Follarme a este angelito.

-¿Te llamas Daniela? Es un nombre muy bonito –lo admitió Ana.

-Yo lo tengo todo bonito. Incluso mi potorro. ¿Bajas y me exploras?

-Ahora mismo.

-Ana, te dije que largo, que no quería verte más –increpó Ingrid sin éxito.

Ana fue besando cada teta, luego la tripita y llegando al rincón de amor. Miró de reojo a Ingrid, que apartó la mirada, y hundió la lengua hasta el fondo vaginal de Daniela.

-Ahhhhh, coño… Qué lengua, joder… putaaaaa… -se volvió Daniela loca de placer.

Mientras practicaba el sexo oral, Ana miraba a Ingrid con cara picarona.

-No te vas a salir con la tuya, Ana –la criticó Ingrid, pero ella se limitaba a chupar y mover la lengua como una culebra de agua.

-Jodeeeeer… -cogió Daniela la almohada y se tapó la cara para ahogar su chillido de leona.

Ana cambió la lengua por golpes clitoridianos. Ahí iba el primero.

Daniela hundió la cara en la almohada.

-Daniela es mi mejor amiga, Ana –la informó Ingrid incómoda.

Otro golpetazo más fuerte.

-Pues ahora es mía. La tengo enamorada de mí hasta el coño. Y la utilizaré a favor o en contra tuya.

-Perra asquerosa.

-¿Quieres ver cómo se corre una puta enamorada? Fíjate bien.

-No lo hagas, por favor, Ana.

-Ojo a los detalles.

-Por favor, es mi única amiga en el campus. No la utilices para joderme.

Y Ana pegó un manotazo en todo el clítoris y logrando una expulsión frenética de flujo. Daniela se fue corriendo de menos a más, hasta quedar inerte y colapsada de placer. En todo momento, Ana acarició su zona clitoridiana con los dedos y con algún que otro beso, para acompañar pomposamente el orgasmo.

-¿Lo ves, Ingrid? Ya la tengo en mi poder y puedo hacer con ella lo que me dé la puta gana que siempre intentará complacerme. Mira su vulva como se contrae. Hacia dentro y hacia fuera. Adentro. Afuera. Como el corazón de una fruta madura. Es como si me estuviese hablando en su lenguaje sexual.

-Estás pirada, Ana.

-Solo quería darte una lección de poder y control. Quiero ayudarte y reparar el daño que te hice en la heladería.

-¿Follándote a mi mejor amiga?

-Podría servirme por si algo se tuerce. Mírala, se ha quedado dormida y abierta de patas. En cuanto se despierte solo anhelará encontrarme, como si fuese una adicción de vena –se bajó Ana de la cama y se puso a vestirse.

-¿Entonces no vas con malas intenciones?

-Contigo no. Con el resto de la humanidad sí.

-Vaya, debo estar honrada, ¿no?

-Me muero por follarte en mi cama y lo conseguiré –se aproximó Ana hasta quedar cara a cara con Ingrid-. Dime al menos que te parezco guapa.

-Guapa es poco. Tienes una belleza de otro planeta. No parece terrenal. Si me dijesen que vienes de Venus me lo creería.

-Con eso me basta. Mañana volveremos a vernos. Y vendré con la sorpresa de tu vida.

-¿El qué? ¿Un consolador de 800 euros?

-Mucho mejor –la besó Ana con mesura y cariño. Ingrid se quedó embobada y con la boca abierta, aún cuando Ana se separó y se marchó.

-Joder cómo besa la muy cabrona… -erectó Ingrid de modo clitoridiano.

... continuará.

(9,13)

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