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Sucedió en mi adolescencia


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Diciembre de 1993, estaba en casa de mi abuela, yo pasaba buena parte del verano en su casa, porque volvía al barrio donde había crecido y donde tenía la mayor parte de mis amigos. Era buena alumna, había cumplido los 18 años y estaba por comenzar en marzo mi 5º año.

Ese año como la situación económica en casa no era floreciente por lo que ese año no saldríamos de vacaciones.

Mis abuelos tenían una zapatería, así que yo me quedaba en la casa haciendo los quehaceres domésticos mientras buscaba algún trabajo para el verano.

A esa altura de mi vida había ya superado el dolor que me había significado la ruptura sentimental con Mario, el padre de Adriana y el hombre que me hizo mujer.

Volver a casa de mi abuela me hizo bien, sentí que era hora de rehacer mi vida sentimental, debía alejar a Mario de mi mente. El tema era que si bien me sentía a gusto con mis amigos mi pensamiento no iba a que me pusiese de novia con alguno de ellos, me sentía bien con ellos, pero como amigos no los imaginaba de otra forma… para ser sincera a esa altura prefería los maduritos.

En el barrio salvo Roberto, no tenía posibles admiradores... creo que nadie... por respeto a mis abuelos, me decía nada, algunos me comían con la mirada pero eso era todo.

Roberto ya el año anterior estaba un tanto alterado cuando me veía… pero yo no le di pie a nada, a esa altura solo había tenido noviecitos furtivos de mi edad, y después de lo de Mario no pensé salir con alguien mayor, y mucho menos por mi timidez.

Pero ahora, pasado ya un año, mi timidez ya no era tal, sabía que le gustaba a Roberto, el me piropeaba como ninguno, a mí me gustaban sus piropos, siempre tenía uno nuevo para mí, aunque me los decía cuando su mujer no estaba cerca. Si bien no me desagradaba Beto (le decíamos así), tampoco era el hombre que me enloquecía, pero sin darme cuenta al principio empecé a coquetearlo, a insinuarme, a mostrarle lo que más le gustaba de mi… mis piernas, así que iba al almacén con minifaldas y con shorcitos bastantes cortos, y sentí que él estaba loco por mí. Para no despertar sospechas delante de su mujer me mostraba dulce e inocente. Beto cada día tenía para mí un piropo nuevo y eran bonitos a tal punto que empecé a anotarlos en mi diario.

Estábamos a mitad de diciembre, era viernes, y había ido con Martín al almacén… Martín era el hijo de mi vecina y tenía 2 años… había ido con unas bermudas y una remera para lo que yo usaba muy suelta, al entrar Beto estaba solo, le di un beso en la mejilla como siempre, y él me piropeó en voz alta diciendo:

B- Sos como el café, dulce, caliente y me quitas el sueño

C- Beto, como sos… mira si te escucha tu esposa

B- Pero a vos te gustan mis piropos

C- Sinceramente si, son piropos bonitos y tiernos… y estoy sorprendida siempre tenés uno distinto, pero seguro se lo decís a todas

B- No… vos sos mi musa inspiradora… no hay nadie tan hermosa como vos que se los merezca

C- Basta puede venir tu esposa y vamos a tener un problema.

B- No te hagas problemas bonita, ella se fue a Colonia viene recién el domingo

No hubo respuesta de mi parte entró una cliente y yo quede un poco alterada Beto me había acariciado la mano y sentí una vibración que recorrió todo mi cuerpo; me llevé la leche chocolatada para Martín al que estaba cuidando hasta que volviese su madre.

Ya en mi casa, no me podía sacar a Beto de la cabeza, esa caricia en mi mano me hizo vibrar, de la misma manera que lo hacían las caricias de Mario.

A las doce vino Karina y se llevó a Martín… no sabía que hacer… no podía dejar de pensar en él, nunca pensé que eso me pudiese suceder. Tenía muy en claro que Beto no era el hombre de mis sueños, pero si sabía que se volvía loco por mí… seguía sin saber qué hacer, pero me había vestido como para seducirlo

Cabello recogido en forma de cola de caballo, labios rojos, un tenue toque de rubor en mis mejillas, un poco de rímel, remerita blanca, escote redondo, manguitas muy cortitas, muy ajustada con un dibujo de Betty Bloop que me daba un toque muy infantil y que apenas cubría mi cintura. Una pollerita muy corta y muy ajustada de jean, que apenas cubría mis nalgas y que debía por momentos tironear de el para seguirlas manteniendo cubiertas y tenía unas sandalias tipo ojotas.

No sabía si ir o no, ya era la hora de cerrar su almacén y lo llamé por TE, preguntándole si había cerrado y dijo:

B- Ya baje la persiana, pero si necesitas algo, por vos puedo tener abierto toda la vida

C- Ay, gracias. Salgo para allá

B- Bonita, vení rápido 5 minutos sin verte es una eternidad

C- Basta zalamero

Esperé un poco. Salí de la casa, y esa cuadra que me separaba hasta el almacén me dijeron de todo, llegué al almacén, la persiana estaba baja y la puerta corrida sin cerrar, lo llamé y dijo que pase, y que cierre

B- No quiero atender a nadie más, solo le doy atención personalizada a la más hermosa de mis clientas

C- Basta Beto

B- Lo que pasa que no puedo ni quiero dejar de pensar en vos, es más “desearía ser una lagrima tuya… para nacer en tus ojos, vivir en tus mejillas y morir en tus labios”

C- Ay Beto que piropo más dulce, me muero

B- No bebé… eso nunca... yo daría mi vida por vos… sos lo más importante de mi vida

Compré lo que necesitaba y dije:

C- Bueno Rober (empecé a llamarlo así) gracias por esperarme, me voy

B- Ya te vas, porque no te quedas a almorzar conmigo, no me gusta hacerlo solo, y además así ves lo excelente cocinero que soy.

C- Que vas a preparar

R- Empanadas de carne

C- Fritas o al horno

R- Fritas

C- Hummm.... es muy tentadora la oferta

R- Por las empanadas o por mí?

C- Por todo

Almorzamos, durante el almuerzo él me tiraba ondas y yo me mostraba halagada y no dejaba de mirarme, en especial mis piernas.

Me incorporé para levantar la mesa, Rober me pidió que no lo hiciese, yo no le hice caso, él tomó mi brazo, yo sentí mi cuerpo estremecer por el contacto de su cuerpo. Se incorporó y dijo

R-Vos sos una reina, a la que los hombres debemos obedecer, mimar, besar, amar, adorar, y yo estoy dispuesto a hacer todo eso, estoy dispuesto a ser tu esclavo, porque te amo.

Me sujetó por la cintura y me intentó besar, en esos momentos yo deseaba que lo hiciese pero me hice desear, yo le pedía que me soltase, el besaba mi mejilla, ya que mis movimientos le impedían llegar a mi boca, pero mi negación lo excitaba más, entonces me tomó con más fuerza y me arrastro en su caída al sillón, entonces caí sentada sobre él, me sujetó con más fuerza al rodear mi espalda con su brazo, su otra mano acarició mi ingle y por debajo de la pollera a la altura de mi conchita, por otro lado estaba sentada sobre su pene duro y de buen tamaño, y ya no me hice rogar más, mi cuerpo vibraba y mi excitación era extrema, mi boca buscó la suya, y nos unimos en un beso apasionado, mientras sentía su pene cada vez más erguido y por las caricias vaginales y mi deseo podía sentir mi vagina cada vez más húmeda.

No puedo precisar el tiempo que estuvimos así, pero él me alzó en sus brazos, yo con los míos en su cuello y besándonos constantemente, él me llevó a su habitación, me depositó en la cama, se acostó sobre mí, nos besamos, mientras su mano comenzó a acariciar mi vientre su mano subía por mi tórax levantando cada vez más mi remera y me la sacó dejando mis pechos cubiertos por un pequeño corpiño rosa.

El me miró con sus ojos deseosos y dijo:

R- Claudia sos hermosa… sos lo más hermoso que tuve en mis brazos

C- Demostrá lo que sentís por mi

Entonces besó la parte de mis senos que sobresalían del corpiño, yo gemía constantemente y dije en medio de mis gemidos “así los vas a disfrutar más” y me saque el corpiño, él dijo son “hermosos bebe”, los beso, los lamió, los acarició, mis pezones estaban erguidos por el placer, el los succionaba, los pellizcaba con sus labios, me los mordisqueaba suavemente con sus dientes, y yo me sentía en el cielo, gozando todo cuanto él me hacía sentir, tal fue el gozo que mi cuerpo estalló en miles de convulsiones por un orgasmo pletórico, mientras mi boca no paraba de gemir.

Cuando mi cuerpo se calmó, él me sacó la bombacha antes de mi pollera, luego se incorporó y se desnudó, yo me saque la pollera, Rober, caminó hacia mí con su pene erguido, su cabeza rosada, mostrándose imponente y sabiendo que en poco tiempo estaría dentro de mi cuerpo, lo acuné con mis manos, pase mi lengua por todo el largo de su pene, besé su pene y dije: “ahora lo quiero en mi cuerpo ya me lo voy a devorar”

R- Si bebé… ya habrá tiempo… ahora tu conchita, hace tanto que deseo este momento

Me acosté, abrí mis piernas, el arrimó su pene en la puerta de mi vagina depilada, el gimió, yo grite de placer, él jugaba con su pene mientras yo no paraba de gemir, de dar gritos de placer y de pedirle… casi como un ruego que me penetre, entonces sentí como entraba dentro mío, y poco a poco me lo fue dando todo haciéndome vibrar de placer, yo lo tome por la espalda el lentamente avanzaba en mi, luego de unos instantes mi cuerpo estalló en otro orgasmo, el siguió bombeando, yo deseaba cada vez más sentir su cálido semen en mi vagina pasaron minutos yo me estaba conteniendo porque deseaba acabar junto a él… su penetración se aceleraba cada vez más el final estaba próximo, yo lo tomaba con mis manos por la espalda, entonces él dijo “ahora”, mi cuerpo estalló en miles de interminables convulsiones, mientras su semen recorría mis entrañas, entregándome la calidez de ese semen que me volvía loca, y un beso profundo y apasionado acalló nuestros gritos de placer, cuando nuestros cuerpos se calmaron, nos fuimos a duchar juntos, volvimos a la habitación.

Yo me acosté él lo hizo a mi lado, nos besamos profundamente volvió a besar mis tetas y volvimos a excitarnos, él succionaba mis pezones, yo vibraba con sus caricias y sus besos a tal punto que el deseo volvió a invadirnos y con voz agitada y entrecortada le pedí que me hiciese suya otra vez.

R- Si mi reina, todas las veces que lo desees, solo tenés que pedirlo soy tu esclavo obediente

C- Si papi, te deseo de nuevo

Y su erecto pene entro nuevamente en mi vagina, avasalladoramente, sintiéndose dueño de ella, mi cuerpo vibraba, se agitaba sobre la cama, me convulsionaba cada embate en mi vagina, y nuestros cuerpos volvieron a vibrar juntos su boca sobre la mía ahogaban los alaridos de placer.

Después nos vestimos, él debía abrir el almacén y yo prometí ir a verlo por la noche… volvimos a tener sexo, volví a dormir en casa pero ese fin de semana lo pasé con él… ese fin de semana fue suya infinidad de veces.

Su mujer nos limitaba el tiempo de encuentro... nos veíamos muy salteado para mi gusto, no hubo una despedida formal… hubo otros brazos que cobijaron mi cuerpo y que me complacieron, pero ese será motivo de otra entrega.

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