INICIO » Sexo con maduros

Angie (V): En el cuarto de consejería junto a Don Pedro


Click to Download this video!
  • 20
  • 9.983
  • 9,81 (16 Val.)
  • 1

En el viaje de vuelta a casa medite sobre lo ocurrido, como Don Emilio me había tratado, ese hombre había sido sumamente directo y dominante, desde servirme una copa a tomarme la mano para hacerme girar y mirarme como él quería para luego decirme 'Uhmmm, tremendo culo que te gastas, qué grande es, y tu cintura', como me tomó haciéndome sentir aquella sensación de vulnerabilidad a los enfermizos deseos de la calentura.

Como puso sus manos irrespetuosamente sin permiso sobre mis senos sin darme tiempo a reaccionar, para comenzar a apretarlos como loco haciendo que más me excitará, como sus manos tomaron mi top y con firmeza lo bajó dejando al descubierto mis deseados y necesitados senos para solo amasarlos y apretarlos con mayor propiedad, ese hombre me tenía entregada a sus manos, deseosa y sumisa a todo lo que me hacía.

“Uhmmm que puta eres Angie”… resonaba en mi cabeza, Don Emilio me había tratado como una puta, como Lucía se comportaba con Marcos. Recordé como al sentir sus manos apoderarse de mi pompis para empezar a apretarlas y manosearlas aún con más fuerzas que mis senos, me las apretaba con mucha fuerza me volvía loca de placer mientras mamaba mis senos.

Recordé otras de sus palabras “Uhmm tremendos cachetes pendeja de mierda, que culona eres, como me calientas, como lo mueves como putita, uhmm te gusta que te manosean el manso culo que te gastas bebe, te calienta tener el culo grande y que lo deseen putita”.

Don Emilio había leído como gozaba de de sentirme admirada y deseada, había detectado que me gustaba tener las pompis y todo grande para generar la calentura que él mismo estaba experimentando, y que a mi me hacía excitarme de que me deseara de esa forma, era mi herencia familiar, nos gusta provocar, y el potenciaba eso con su poder.

“Angie, como me calientas, eres tan puta… me vuelves loco con las cosas que me dices, me provocas mucho, así que te gusta tenerlo grande y que te lo manoseen?”

Pensaba dándome cuenta lo provocadora e incitantes que eran mis palabras, no me reconocía, pero los encuentros como mi hermana Lucía me habían entregado un morbo que había sorprendido y fascinado a Don Emilio, lo cual lo hizo seguir con su actitud dominante para chupar mis senos mientras soltaba mi short de los tirantes, lo cual no me di cuenta hasta que dejo mamar y vi como sus manos agarraban los bordes de mi short para bajarlo lentamente dejándolo al descubierto mis enormes pompis desnudas adornadas por ese colaless blanco con un corazón atrás.

Cuando intente hacer algo era demasiado tarde, ya tenía agarrado mi short de los costados, había soltado los tirantes, cuando sentí que los bajaba no fui capaz de detenerlo al observar el deseo y determinación de sus ojos que se reflejaba en la seguridad con la que sus manos desnudaron mi trasero. Casi me vine de la intensa sensación que recorrió mi cuerpo al verme expuesta de esa forma ante los ojos de Don Emilio, estaba inclinada parando las pompis con ese sexy colaless, era la fantasía de Don Facundo, él había engendrado ese morbo en mí, sentía su excesiva calentura quemarme la piel, lo cual quedó demostrado cuando no aguantando más la calentura de verme así de ofrecida y sumisa para seguir con su dominante actitud, yo con mis senos afuera y mi short abajo a la altura de mis piernas media empinada siendo nalgueada por Don Emilio, fue demasiado para mi, goce como nunca de sentirme dominada y así de usada, vulnerable ante su actitud satisfaciendo mi cuerpo como añoraba, como mi imaginación quería conectándose con mis propias fantasías me dijo “Me vas a sacar toda la leche putita, mientras te azoto el culo escuchaste!?.”

Como me lance desesperada a meterme su grueso pene dentro de la boca, pasando la lengua ansiosa por toda su extensión, apreté mis labios con aquella gula que me atacaba cuando deseaba chupar que me incito a mamarlo placenteramente, como si se me fuese la vida en ello, no quería defraudarlo, quería complacer a ese hombre, quería darle placer, pidiendo su leche deseosa y orgullosa que Don Emilio creyese que ya había mamado mucho.

Me vine saboreando y tragando la hombría de Don Emilio uhmm... uhmmm... uhmmm gemía chupándosela a pesar de que no salía nada más mientras movía mi cuerpo producto de las corrientes eléctricas que sacudían todo mi ser y las continuas nalgadas que mi Don Emilio me daba, era un placer enorme que no me permitía despegar mi boca de aquel pene para extraerle todo, lo chupaba deseosa y complaciente, quería ordeñarlo hasta que no quedará nada, así empezó a darme golpes con su pene por toda la cara, recolectando la leche, para volverla a ponerla cerca la boca.

Don Emilio tenía razón. Me había comportado como su puta, recordaba todo y no podía ser de otra forma, “Pídela por favor!” escuchaba en mi mente reafirmando mi actuar.

Pero lo que más me chocaba y resonaba fueron sus palabras finales:

“Creo que será difícil olvidarte, eres increíble, nunca había estado con una mujer como tú, eres una nena encantadora, me has dejado prendado a tu forma de ser, me encantaría volver a verte”.

Fueron más que deseo y calentura, fueron sinceras generando ilusión y emociones de hágalo, felicidad de haber sido especial para Don Emilio, ya que seguro ha estado con muchas mujeres al ser un hombre con poder, aparte para mi había sido muy especial, me había dejado llevar como nunca lo había hecho, me había entregado a la melodía de su deseo, para mi también era muy especial recordando lo que era verdad,

“Don Emilio, usted es el primer hombre que le chupo el pene, le gusta como lo hago? su leche será la primera que pruebe.”

Aparte de la conexión que sentí con ese hombre fue muy intensa, nos comportamos como si conociéramos los gusto del otro, ciertamente yo también sentía que sería difícil de olvidar lo que había ocurrido, había sido tan rico, tan caliente, que esas imágenes acechaban mi cabeza, me estremecí al pensar cómo me sentiría si lo viese de nuevo, si en poco tiempo me había hecho sentir así, cómo me haría sentir con más tiempo y privacidad, Don Emilio me había conquistado.

Cuando me baje del auto después de pensar en todo aquello lo cual me hizo humedecer volviendo a darme ese grado de excitación sabroso que explotaba mi sensualidad, fue que vi a Don Pedro fumando, instantáneamente una sensación me recorrió la columna haciéndome estremecer y sensualizar el caminar junto con las placenteras sensaciones que ya no sabía si era éxtasis, el alcohol, o mi propia forma de ser que se revelaba ante situaciones que se generaban con hombres mayores, deseo que mi hermana Lucía había despertado y engendrado al descubrirlos con Marcos y presenciar su fantasía:

Donde una ráfaga de pensamientos se vinieron a mi mente ordenando todas las ideas que estaban flotando en mi cabeza.

Lucía: “Aiii amor, te dije que no era buena idea que lo hiciéramos aquí en la piscina de la villa, se viene acercando el Conserje y me va mirar desnuda mientras me la metes Marcos, detente por favor.”

Lucía: “Amooor, me dejas aliviar al señor conserje, parece que el trabajo lo tiene cansado y agobiado, está estresado papi, no es que yo quiera, solo quiero verlo feliz, tu sabes que soy buena persona, hay que ayudarlo, ha trabajo mucho y seguro no tiene quien lo alivie, mira su verga que gruesa es… me dejas besar el pene del señor conserje amooor, solo será la cabecita, lo prometo si?”

“Papiii el conserje también se va a venir, lo siento muy cerca, uhmmm sería una lástima desperdiciar su hombría, me puedo tragar el semen del señor conserje papi”.

Marcos le excitaba que Lucía fantasee con viejos feos y pervertidos que jamás la podrían tener, la impulsaba a ser más coqueta y provocadora con hombres así ya que le calienta mucho eso, dice que es nuestra herencia familiar, ser provocadoras.

Don Pedro era el detonante de la fantasía de Lucia y Marcos, por ende de mi propio despertar, ahí había comenzado todo, dando inició a lo que pasó con Don Facundo y el examen con mis profesores, y claro, lo que había pasado ayer, con mi hermana Lucía en la piscina. Donde Marcos le había pedido a Lucía que usará aquel bikini, y que bajara a tomar sol cuando estuviera Don Pedro para que la viera, por eso se comportó así de coqueta, para complacer los deseos y perversiones de Marcos

Lucía: Don Pedro, es que con Angie estábamos discutiendo cuál de las dos tiene el más lindo bikini, entonces le dije que necesitábamos la opinión de un tercero para que fuese imparcial para zanjar la discusión y lo escogimos a usted recordaba que le dijo.

A pesar de esto yo por dentro estaba muy excitada en aquel momento, de cómo mi padre me había tomado entre sus grandes manos para contemplar mis hermosas pompis devorando el tanga, como me las castigo nalgueando, debo reconocer que eso me excito mucho. Luego dejé caer el pareo intencionalmente para mostrar mis pompis a Don Pedro, a pesar de que mi papá me había castigado por mi tanguita, la calentura me dominó y al recogerlo lo hice sin flectar las piernas, solo para calentarlo.

Me interesaba seguir viendo cómo Lucía dibujaba sus fantasías y a mi estar presente en ella.

Como Don Pedro se movió con descaro lentamente con los dedos en el mentón como un animal acechando a su presa para posicionarse detrás nuestro para mirar mejor. Eso me hizo humedecer más, fue como una leve corriente, Don Pedro, un viejo feo, gordo y calvo me estaba viendo las pompis casi desnudas a solo unos metros, como Don Facundo había dicho que se debía observar, era como estar cumpliendo esa fantasía, permanecí en silencio bastante nerviosa sintiendo como me calentaba cada vez más.

Me había apoyado sobre mis codos adoptando una postura muy sugerente que hacía ver la cola más parada para sentirme deseada lo cual no pasó desapercibido por el viejo.

A pesar que le gusto más el de mi hermana me dijo que me quedaba queda espectacular —mirándome mi enorme cola mordiéndose los labios.

Todo desencadenó cuando se fue mi hermana se subió sobre mí acercándose a mi oído y me dijo: —Me excito mucho calentar a ese viejo, se la habremos puesto re dura, parece que la tenía grande...

Angie: hermana… yo... también lo disfrute, incluso cuando deje caer mi pareo —reconocí producto de la confianza.

Lucía: A ver?? —sintiendo como su dedo índice pasaba rozando mi empapada pupi… haciéndome arquear y murmurar bajito...— uhmm Lucía no...

—Eres una pervertida hermanita, sí que lo has disfrutado, incluso hasta más que yo, —y su dedo lo paso por debajo del tanga directamente sobre mi pupi recolectado mi humedad.

—AAh... —gemí— Lucía noo… mientras vi cómo se llevaba el dedo a su boca para chuparlo con esa cara de puta mientras movía furiosa su entrepierna contra mí.

Lucía: uhm puedo sacar más? me imagine que era la pichula de Don Pedro —me confesó muy azorada mientras pasaba dos dedos sin permiso por debajo del tanga recolectado más humedad para luego acercarlos a mi boca y decirme:— Quieres probar la pichula de Don Pedro?

No podía más de la calentura, eso fue demasiado, asentí mirándola toda excitada mientras acercaba mis labios a sus dedos, los cuales bese de manera suave y tímida, para luego abrí mi boca imaginando chupar la esencia del pene de Don Pedro fue que apreté los labios cazando sus dedos murmurando… uhmmm mientras chupé apretando mis labios.

Lucía: Que bien se la chupas, lo estás aliviando muy bien, se nota que tenías ganas de chupársela, al igual que yo.

Sentía que todo llegaba a Don Pedro, la fantasía de mi hermana de chupársela, lo que despertó en mí el deseo de chupar primero a Marcos, luego a Don Facundo, y en ese momento me incluí en la fantasía de mi hermana con Don Pedro, todos esos deseos, pensamientos, prácticas habían influido en cómo se lo hice a Don Emilio, como me lance a meterme su grueso pene dentro de la boca, pasando la lengua ansiosa por toda su extensión, apreté mis labios con aquella gula que me atacaba cuando deseaba chupar que me incito a mamarlo placenteramente, como si se me fuese la vida en ello, no quería defraudarlo, quería complacer a ese hombre, quería darle placer.

Finalmente recordé come le pedí más leche a Don Emilio cuando me lo pregunto.

Deseo un poco más Don Emilio - le pedí embriagada por tremendo orgasmo que acaba de tener y al ver su pene con leche, el producto de su calentura y deseo hacia mi, yo lo había puesto así y sentía que mi deber era hacerme cargo de aquello, que todo ese placer que sentía al sentirme admirada y deseada debía devolverlo aliviando su pene,

“Producto de su calentura, todo ese placer que sentía al sentirme admirada y deseada debía devolverlo aliviando su pene”

Resonaban aquellas palabras y camine de manera natural de forma provocativa hacia el encuentro de Don Pedro quién botó su cigarro para venir a mi, mire la hora y eran las 02:30, mi padre me daba permiso hasta las 03:00, paso una idea en mi mente, quería coquetear con Don Pedro, quería agradecerle todo el placer que ha generado con su presencia, aparte que fuera un viejo feo, gordo, hacía que despertara esas perversiones que Marcos disfrutaba, hombres que jamás podrían tener a Lucía, a diferencia de Don Pedro, Don Emilio era guapo y bastante atractivo, aparte se conservaba bien, era alto, de espalda y brazos fuertes. Me estremecí de imaginarme así con Don Pedro de lo feo que era, era algo muy morboso y perverso.

Don Pedro: Angie!, mi niña -me dijo con esos perversos ojos que se iluminaron al verme más de cerca posicionando su vista sobre mis manoseados y babeados senos..

Angie: Y qué hace usted aquí Don Pedro, pensé que su turno ya había sido - le respondí de manera coqueta mientras simulaba sorprenderme.

Don Pedro: Ni me hable mi niña, estaba tranquilamente yo en mi casa tomándome un vinito cuando me llamó la Administradora para decirme que el conserje del fin de semana no podría venir por problemas personales y que no había nadie más disponible - dijo molesto lo cual no duró mucho al ver cómo estaba vestida. Viene de una fiesta que la veo más preciosa?

Angie: Lo lamento Don Pedro, ehm, sí, le gusta? -pregunto coqueta decidida a jugar ese embriagante juego de admiración y deseo,

Don Pedro: Uhm... me encanta Angie, se ve tan… -dijo no encontrando palabras adecuadas para no poner propasarse o falta de vocabulario..

Angie: Tan qué? -pregunto mirándolo mientras cambio mis posturas de forma coqueta, realzando mis caderas, para darme una vuelta rápida para que apreciara mi trasero.

Don Pedro: Uhmm preciosa mi niña, se ve tan preciosa, pero ese giro fue muy rápido y no me pude verla bien, podría hacerlo nuevamente?

Lo hice sintiendo como aquello se volvía más prohibido y candente, quería más así que me gire, esta vez mucho más lento descansando sobre una pierna, para mover mis pompis de un lado a otro, como si fuese una modelo, para volver a mirarlo de frente sonriendo viendo su cara de asombro y calentura que lo tenían confundido.

Don Pedro: Guau, chiquilla, que lindo se le ve el trasero, sabe que, hoy conversaba con unos amigos de lo hermosa que era usted y lo afortunado que soy en este trabajo.

Angie: Gracias Don Pedro dije ruborizada por referirse a mi trasero. Cómo es eso? que amigos? -tratando de evadir la atención y saber más a que se refería.

Don Pedro: Les comentaba lo preciosa, dulce, hermosa y rica que es para tener 18 años, que es un sueño verla pasar, que tiene un cuerpo increíble, y pensar que hoy le vi en tanga, aun no puedo creer.

Angie: Don Pedro! como anda contando esas cosas! qué vergüenza, usted es el conserje, no puede andar contando esas cosas -dije reclamando con falsa para simular los calambres que me acechaban en el pupi de imaginar lo que habrían hablado de mi.

Don Pedro: Eso último no se los conté, no se preocupe mi niña, lo que pasa aquí no sale del trabajo, estaba pensando en voz alta -dijo intentando aclarar la situación, me quedé con mis dudas.

Angie: Me parece bien, pero sin embargo a pesar de lo que le dijo a sus amigos, prefirió el bikini de Lucía - le increpe mirándolo coqueta y desafiante recordando su elección.

Don Pedro: Mi niña, es que... déjeme explicarle bien, pero pasemos, no gusta tomarse un último vinito conmigo?

Angie: Don Pedro!!? Cómo está tomando aquí?

Don Pedro: Es solo un traguito, para la salud, me tomo un vaso diario, un poco de vino no es malo mi niña, menos después de la fiesta -me dice intentando persuadirme con esa pervertida expresión que lo caracterizaba.

Angie: Pero como vamos a tomar aquí? Que dirán los vecinos? -pregunte intrigada por la propuesta que me hacía.

Don Pedro: Por eso no te preocupes, en la sala de conserjería podemos servirnos un vaso mientras conversamos lo último, aparte hay un monitor con cámaras de la entrada.

Angie: Esta bien, pero un solo vaso -dije poniendo un límite a lo que podía pasar al entrar a esa sala con Don Pedro, desde donde había visto salir a la Administradora bastante ruborizada.

Don Pedro: Pase mi niña.

Camine como ya estaba acostumbrando y entrar a esa sala donde había estantes con artículos de diferentes tipos, una mesa, un velador, y una cama -me estremecí del peligroso juego que estaba jugando.

Don Pedro sacó una botella de no sé dónde, sirvió dos vasos y me acercó uno, salud me dijo mirándome a los ojos buscando estudiar el porqué estaba ahí con él tomándome una copa de vino.

Don Pedro: Angie, sobre el bikini, veras, es cierto que me gustó más el fucsia, pero eso no quiere decir que encuentre más linda a Lucía, ambas lo son, pero reconozco que preferiría verte a ti con ese bikini.

Angie: Porque le gusto más yo si somos muy parecidas?

Don Pedro: Angie, mi niña, mi debilidad son las mujeres voluptuosas, entre tú y Lucía a ojos cerrados te prefiero, tu trasero es perfecto.

Angie: Ay Don Pedro, no diga esas cosas que me avergüenza dije riendo para controlar lo que sus palabras generaban en mí, esos ricos calambres y sensaciones recorrerme desde mi pupi a todo el cuerpo. Me tome casi la mitad del vaso de un sorbo de los nervios que estaba sintiendo.

Don Pedro: Es la verdad, a mi me dejaste obsesionado mi niña -se lo digo con respeto, no crea que quiero propasarme de su confianza, jamás, sé que soy un viejo ya feo, que su mejor etapa ya pasó cuando triunfaba con los masajes que daban mis manos, jamás podría verle con otros ojos, me entiende? -dijo mirándome como tratando decirme algo que no comprendí, o quizás sí, por lo que pasaría a continuación.

Angie: No se preocupe, le comprendo y me halaga con su sinceridad de creer que mis pompis son perfectas. -dije ruborizada sin dejar de coquetear y moverme con mis ya ensayadas posturas, que buscaban la sensualidad y provocación. Termine de tomarme el vasito de vino.

Don Pedro: Uhm pompis? qué lindo, si mi niña, sus pompis son perfectas, a su novio le deben gustar mucho, la última copita? -dice haciendo el gesto de servirme más.

Angie: Bueno, pero esta si es la última, me lleno la copa y una vez terminado proseguí: Si a él le gustan mucho, pero no sé porque le encanta golpearlas, eso es normal Don Pedro? -pregunte de manera inocente para enervar su deseo.

Don Pedro impactado por mis declaraciones saliendo de su asombro: Mi niña, hay hombres que les gusta azotar a sus parejas durante sus relaciones, sin embargo el exceso de fuerza o de frecuencia en esa práctica podría generar problemas en tus pompis.

Angie: Ay Don Pedro, siempre lo hace, le gusta mucho al parecer, que tipo de problemas se refiere?

Don Pedro: Mi niña, puede generarte hematomas o contusiones, cuando fue la última vez que lo hizo?

Angie: Hoy en la fiesta -reconocí avergonzada sin poder mirarlo disfrutando de aquella situación de provocación.

Don Pedro: Debe cuidarse mi niña, puede ser peligroso, no quiere la examine?

Angie: Cómo se le ocurre Don Pedro, que vergüenza, yo no podría, soy muy pudorosa. -mentí para tensar más esa situación que se estaba tejiendo.

Don Pedro: Recuerde que soy especialista, realice muchos cursos acerca del cuerpo, la piel, puedo recomendarle algo si veo la situación muy mal, se lo ofrezco por su seguridad, de forma profesional.

Angie: Es que me da vergüenza que me vea las pompis Don Pedro -dije haciéndome la niña buena y avergonzada.

Don Pedro: Pero si ya se las he visto mi niña hermosa, que se preocupa de eso.

Angie: Tiene razón, la verdad me asusta que mi novio pueda haberme hecho daño, será solo profesional? Mientras tomaba otro buen sorbo de vino.

Don Pedro: Así es mi niña, solamente profesional.

Angie: Esta bien Don Pedro, confío en usted. -dije de manera asustada permaneciendo en mi lugar mientras sentía mi cuerpo azorarse de lo que estaba por venir.

Don Pedro tomó una silla y la puso cerca de la pared y me llamó para acercarme. Tome el vaso de vino y me lo bebí completo y me dirigí hacia donde estaba él, se sentó y me dijo que ahora sí, veamos la situación, bajase un poco su short.

Mi corazón comenzó a latir a mil por horas, estaba cruzando una barrera que podía hacer que todo se saliera de control, pensé que estaba sola con un viejo pervertido, que se hacía el educado, pero que me podía terminar violando, pensé en la hora y que ya debía irme por lo cual recobrando la razón.

Angie: Don Pedro, no creo que sea una buena idea, ya debo irme, es tarde.

Don Pedro: Mi niña, tranquila, es importante que veamos la situación, no puedes irte con la duda, es un chequeo, algo profesional, no tomará más de un minuto y sentí cómo tomo los tirantes de mi short para empezar a soltarlos lentamente.

Me estremecí de que se tomará la propiedad de soltarme el short el mismo, era el punto de no retorno donde fui invadida por una calentura y morbo que jamás había sentido que me impulsaron a seguir ese perverso juego a pesar de la hora.

Me gire, quede de espaldas a Don Pedro, sentí un silencio de unos dos segundos hasta sentir el contacto de sus malgastados y callosas dedos hacer contacto con mi cintura para tomar mi short y a comenzar a deslizarlo suavemente por segunda vez en la noche dejando al descubierto mis enormes pompis separadas por ese delgado colaless blanco con un corazón atrás que se incrustaba en mis redondas y pronunciadas pompis, Don Pedro era el segundo hombre que me veía así, la misma calentura que me invadió con Don Emilio se hizo presente acalambrando el pupi y haciendo subir mi temperatura corporal, imaginaba la cara de Don Pedro que no decía nada mientras mi trasero con ese fino colaless y mis pompis enrojecidas producto de las nalgadas a manos de Don Emilio.

Don Pedro: Uhmmm…

Angie: Está todo bien Don Pedro? -pregunte a penas.

Don Pedro: Uhmm... te pego bastante -dijo a modo reflexivo.

Angie: Si, es muy bruto, me las dejo adoloridas, es grave?

Don Pedro: No mi niña, sin embargo habrá que ponerte una pomada para que cicatrice y haga circular la sangre acumulada producto de los golpes, es un ungüento de hierbas cicatrizantes y refrescantes para este tipo de casos.

Se paró y fue a buscar un frasco sin etiquetas para apresurarse y decirme, hay que aplicarla cuanto antes, antes que la sangre se acumule generando hematomas.

Angie: Don Pedro, yo no quiero que me pase eso, pero me da mucha vergüenza con usted. -dije alimentando ese morbo que me tenía bastante inquieta y muy cerca del placer.

Don Pedro: Mi niña, no se preocupe, solo es algo profesional.

Angie: Será solo algo profesional?

Don Pedro: Claro que si mi niña, no se preocupe.

Angie: Esta bien Don Pedro -me volví a dar vuelta calentísima de lo que iba a ocurrir, inevitablemente me paré bien dando aquellas formas provocadoras a mi cuerpo.

Sentí como Don Pedro abrió el frasco, y lo acerco a mis pompis para echarle un poco de aquella desconocida y refrescante crema que la sentí helada y refrescante.

Angie: aaaah... Está helada… -dije quejándome.

Don Pedro: Tranquila, al comienzo se siente así, luego uno se acostumbra. Sentí como llevo sus dos manos a mis esparcir la crema que había depositado sobre mis provocativas y gordas pompis, que estaban siendo expuestas para el supuesto tratamiento.

No puedo evitar estremecerme al sentir sus maltratadas manos y callosos dedo hacer contacto directo con la delicada y suave piel de mis prominentes pompis, lo que me llevó a quejarme haciendo arquear mi espalda dando un sensual meneo de cadera.

Sus manos abiertas comenzaron a moverse suave esparciendo el contenido por todas mis pompis, lo hacía casi sin tocarme, rozándome con sus dedos lo cual me producía un desesperante placer, sentir sus callosos y agrietados dedos rozar la suavidad de mi cuerpo. Estaba demasiado caliente dejándose manosear mis deseadas pompis por Don Pedro, era algo muy morboso, aparte que sus manos me estaban haciendo perder la razón.

Afianzó sus manos esparciendo con más propiedad, movía sus manos por todo mi trasero, llegaba a cruzar sus manos, incluso aprovechaba para masajear parte mis piernas para volver a mi trasero.

Don Pedro: Debe penetrar bien la pomada, una vez ahí, hay que remover la sangre -dijo explicándome mientras sus toscas manos cambiaron su estilo de masaje para comenzar a dar pequeños apretones sobre mis acaloradas posaderas que recibían heroicas los masajes de Don Pedro, quién comenzó un exquisito masaje compuesto de distintas técnicas, sutiles apretones, y otros un poco más fuerte, lo amasaba y masajeaba de muchas formas, era realmente bueno con sus manos que no me di cuenta cuando me encontraba apoyada en la pared disfrutando a tal grado que había parado un poco más el culo para confesarle:

Angie: Ahhh… Doon… Peee... dro, que buenas manos tiene -dije casi susurrando del grado excitación en el que me encontraba.

Don Pedro: Mi niña, le dije que tenía estudios y que era bueno, le gusta? - Mientras me daba unos fuertes apretones para tomar mis pompis y expandirlas dejando al descubierto mis vergüenzas, para volver a juntar mis nalgas embarrando sus dedos en apretones que trataban de agarrar lo máximo de mi enorme culo.

Angie: Siii... Don... Pedro… me… gusta, es muy bueno -dije susurrando del placer que estaba sumergida con los manoseos en el culo de ese viejo, lo cual me llevó a iniciar un sexy meneo de trasero mientras era masajeada por Don Pedro.

Don Pedro siguió con su manoseo a mi trasero solo que esta vez sus dedos los pasaban bajo mi delgado colaless, haciendo que muchas veces se levantase y dejase de cubrir mis vergüenzas, me excito tanto las atribuciones que se hombre se estaba tomando, estaba aprovechando de mirarme el ano y la vagina al sacarme el hilo con sus dedos, sentí como mi pupi se acalambro humedeciendo, no sabía si Don Pedro podría notarlo, creo que sí por cómo tomo mi colaless con sus dedos y lo depositó sobre mi pompis derecha.

Don Pedro: Para que no se ensucien.

Eso me puso a cien, no aguantaba más de la calentura, estaba a punto venirme, apretaba mis muslos buscando aguantar más esa endemoniada sensación que soportaba para incrementar aquella explosión de perversión que mis vergüenzas estuviesen expuestas antes los ojos de horrible hombre.

Creí desfallecer cuando sus manos volvieron a agarrar mis pompis para separarlas para poder ver mi inmaculado y virgen retaguardia trasera para mantenerla abierta durante unos segundos, cuando las soltó dejó caer su mano azotándome tal cual lo había hecho mi padre y Don Emilio, lo cual me hizo gemir de placer.

Angie: Ahhh… Don Pedro gemí sin ya poder ocultar el grado de excitación que sentía ya al vórtice de explotar.

Don Pedro: Después del masaje, hay que golpearlas un poquito para que se remueva la sangre, no se preocupe mi niña, solo son un par de suaves golpes.

Castigó mi otra pompis esta vez con más fuerza lo que me hizo arquear y menear la cintura de las sensaciones que me provocaba, a medida que sus nalgadas llegaron fue que no pude aguantar más esa morbosa y perversa situación.

Angie: Uuh, aah, uhmmm... Don Pedroooo... -gemí totalmente entregada a sus caricias no importando desatar mi estado frente a ese hombre.

Don Pedro al verme en el estado que estaba, toda entregada, mientras seguía con su masaje que me tenía al borde del orgasmo. Fue que impulsado por mi entrega comenzó a pasar un dedo por mi ano cada vez que podía.

Eso me volvió loca y no pude aguantar más, sentía ese grueso y calloso dedo rozar cada vez que podía esa parte de mi cuerpo que solo había sido profanada con mis propios dedos, ahora eran los de Don Pedro, que buscaban cada instancia para presionar más.

Angie: UHMM… ay, ay, uy, Don Pedrooo... me... -le dije moviendo mi trasero con toda la provocación que me era posible, cuando sentí su dedo incrustarse irrespetuosamente penetrándome las pompis con la primera falange de su dedo. Cuando sentí ese grueso y maltratado dedo penetrar las pompis fue que me vine gimiendo de placer, retorciéndose apoyada a la pared mientras movía las caderas donde Don Pedro no sacó su dedo que terminó mi orgasmo.

(9,81)

Online porn video at mobile phone


relatos milfrelatos eroticos parejascuentos cachondosrelatos sobrinarelatos de marquezesexo con cuarentonasrelatos eroricosrelatos eroticos para mujeresrelatos eroticos madre y hijorelatos pornograficosrelatos de incesto gratisrelatos eroticos busmujeres maduras calientesrelatos de sexo no consentidorelatosxxrelatos eroticos audiocuentorelatos pornorelatos eroticos con fotosamor filial relatos eroticosinsesto.comreatos eroticoscuentosrelatos comrelatos muy calientesrelatosheroticosrelatos eroticos sin tabuesincesto real mexicoburguerkingoarelatos eroticos de incestosrelatos eroticos de piescuentos sexualesrelatos spdarelatos eroticos de madurasrelatos eroticos filialesrelatos eroticos mexicoporno mexiorelatos hmhrelatos eroticos cornudorelatos mexicanos xxxcuentorelatos.comrelatos eroticos de violacionrelatos de sexorelatos eroticos de sobrinasrevista gente eroticarelatos porno en el metrocuenta relatos eroticosrelatos eroticos mi esposarelatos de incesto gayrelatos eroticosporno gay venezolanorelatos eroticos gaysrelatos eroticos voz realinsesto mexicorelatos eroticos voyeurhistorias de sexo incestorelatos de sexo entre familiarelatos de sexo con madurossexo madurorelatos gay hotrelatos eroticos metrorelatos para gayrelatos eroticos triosrelatos feminizacionhistorias sexisrelatos eroti osrelatos eroticos papa e hijatop relatosrelatos con mi sobrinatodo relatos filialrelatoseroticosrelatos eroticosrelatos eroticos madurasmaduras en mexicohistorias de swingermaduras cogiendo con jovenessexo madurasrelatos eroticos lesbicosrelatos xxx gratisrelatos eroticos voyeurcuentorelatos pornorelatos eroticos de matrimoniosrelatos eroticos triorelatos eroticos realessexo erotico gratishistorias ardientesrelatos eroticos incestosexo sexo analrelatos eroticos lesbianascuentos eroticos gratisrelatos fetichistastravestis penetrados