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Nuestra amiga argentina y el pendejo (03)


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Mi ‘doble vida’ se está yendo al carajo, pero no me importa, la disfruto, ¡soy así!, calentona y cuando me gusta lo que me hacen sentir, me dejo, me entrego. Y como todo el mundo, con alguien tiene que hablar, yo lo hago por acá, es como ir al psicólogo. Capaz, algún día entra en esta página algún conocido y me descubre, pero no creo que eso pase, y si pasa, ya tengo ‘mi respuesta’.

Lo que les voy a contar ahora, sinceramente jamás, pero esta vez en serio, jamás pensé que lo iba a hacer, pero me dejé llevar, y se fue dando de a poco hasta que lo hice.

Anoche mi novio tenía ‘cena de egresados de la facultad’, no sé si sería cierto o no, pero lo que me importaba es que yo tenía noche libre, y Martín, el pendejo de 18 años, hermoso, que vive cerca de casa y quien me cogió un par de veces, me estaba quemando la cabeza para que fuera a su casa, porque iba a estar solo.

Y el pendejo se moría por hacer algún trío y le dije que no, que se busque alguna pendeja de su edad.

No la voy hacer muy larga, la cosa es que ayer al final le digo (no me quería regalar tan fácil de entrada), que no sabía, si él iba a estar capaz iba, pero algo yo presentía, no sabía bien qué, pero algo presentía, pero tampoco quería averiguar más ni preguntar más, esas dudas, me provocan una adrenalina que se va transformando en calentura.

Yo estaba embolada en casa, no estaba muy segura de ir de nuevo a lo del pendejo (Martín), ya yo con 24 años, me estaba transformando en “la putita” de un pendejo de 18, y quería poner un poco el límite.

Algo que es una boludez, pero es el origen de lo que pasó, yo, como todas, tengo mucha ropa, y a veces me la empiezo a probar, a ver cómo me queda (porque hay ropa que ni me acuerdo que tengo, porque la tengo escondida, porque si la ve mi vieja me empieza a putear, y ya van a ver porque), y revisando encontré una pollerita roja re corta, pero muy corta (por eso las escondo, mi vieja si la ve me putea), y muy ajustada, me la pongo, con una remera cortita, que dejaba ver un poco mi panza, unas botas, me miro al espejo y pienso: “si el pendejo me ve así, se muere, se le va a parar de solo verme”

Solo, me calentaba de pensar en eso, y como mis viejos habían salido, me animé y me digo: “Caro, anímate, sal así y mátalo al pendejo”, toda esa previa, aunque la haga sola, me calienta, me da esa adrenalina de animarme a hacer cosas que me calientan, aparte vivo en un barrio muy seguro, con mucha vigilancia, por lo que sabía que no me iba a pasar nada por caminar dos cuadras así vestida, ¿qué quiero decir con esto? Vestida como una trola, la pollerita era re corta, apenas me tapaba la cola y tenía ¡la pancita al aire!

Ah, a todo esto habrá pasado una hora desde que le dije al pendejo que capaz iba, hasta que como les conté me animé y fui. Llego, le toco el timbre, sale, me abre, cuando me vio se quería morir, me di cuenta en su mirada y me dice:

Martín: Caro, no te esperaba ya!!! no puedo creer como estas, sos una turra, me vas a matar nena!!!

Yo: porque, pendejo, te gusto asi???

Martín: sos una guacha, mirame (ya se le estaba parando), pero me hubieras avisado, hace un rato cayeron 3 amigos míos que estaban al pedo y vinieron a casa, porque sabia que estaba solo.

Yo: ahhh, esta bien, me voy, nos vemos otro día.

Martín; no, nena, no seas boluda, quedate, estamos tomado fernet y Shampu

Yo: no nene, estas con tus amigos, son cuatro, que voy hacer yo sola???

Martín: Nada, nena, tomamos algo, nos cagamos de risa, no seas forra.

Yo: no, nene, me voy.

Martín: nena, sos una pendeja, nosotros todos tenemos 18 años, vos tenes 24, y te portas como una de 15, no te vamos a violar!!! no seas boluda, no te vas a volver a tu casa!!!

La verdad, tenía razón, a veces me porto peor que una pendeja de 15 años, eran cuatro y yo sola, no daba para que pasara algo, si hubiera estado solo con algún amigo, la cosa hubiera sido ¡distinta!

Yo: bueno dale, tomo algo y me voy.

Bueno, entro a la casa, los amiguitos, bueno todos de su edad, como todos los pendejos de esa edad, cuerpito marcado, y la verdad es que cada uno con su estilo pero eran los tres re lindos, dos medios rubiecitos y uno morocho, no muy altos, ni grandotes, bah, pendejos, ¡pero como también me gustan!

Fue una noche con muchas cosas, así que, lo voy a resumir. Entro, me siento en un sofá, obvio, con la pollerita cortita que tenía puesta, me quede casi en bolas, tenía que cruzar las piernas para que no se me viera la bombachita, porque estaba ya ¡casi en bolas!

Pasó un rato largo, entre el Fernet y el shampu (yo no tomo mucho y me pongo media en pedo enseguida), no se cuanto tiempo habrá pasado, pero los pendejos no paraban de clavarme la mirada en mis gambas y mi panza, eso me calentaba, y la verdad que en algún momento se me cruzo por la cabeza “ser la puta” de ellos, me imaginaba sus pijas ¡y la lechita que tendrían! Pero me dije: “nooo, estas re loca caro, ¡nooo podes pensar eso!”

Hasta que en un momento Martín, me dice que lo acompañe a la cocina a buscar no me acuerdo que carajo, nada eso era excusa, ¡y yo lo sabía!, entramos en la cocina, y me empieza a besar, yo me cuelgo de su cuello y le como la boca (ya les dije había tomado un poco, pero para mi es mucho), baja sus manos, me empieza a tocar la cola, yo pongo una de mis piernas sobre una silla, y ya la pollerita dejaba ver casi la bombachita, me mete, si me mete directamente la mano en la cola sobre la bombachita, pero con solo sentir su mano en la cola, me empecé a calentar, y así seguimos, hasta que me pone la mano por debajo de la bombacha, ya me estaba tocando la cola y tratando meterme ¡un dedo! Y eso ya me estaba poniendo re caliente.

Yo le digo: “pendejo, terminala, están tus amigos y me estas re calentado, no seas forro” pero mientras, casi sin poder evitarlo, le apoyo mi mano sobre el jean en su pija y ya la tenía re parada, esa pija hermosa que tiene, y el pendejo sigue, y me termina sacando la bombacha, ya no me importaba que sus amigos estuvieran en el living, y yo le empiezo a desabrochar el pantalón hasta que encuentro esa pija irresistible para mi.

El se sienta en la mesa de la cocina, y se la empiezo a acariciar, a besar a chupar, todo despacio, mientras siempre lo miraba, quería ver esa cara de placer que ponía, mientras él me empieza a sacar la remerita (me estaba poniendo en bolas y no me importaba), y se la sigo chupando y el gozaba, me esforzaba para que goce el pendejo de mierda jaja

Hasta, que obvio, se empezó a ir todo a la mierda, yo mientras estaba sola inclinada chupándosela, siento que viene uno de los pendejos y me agarra de la cintura, era el momento en el que tendría que haber dicho BASTA PENDEJOS, HASTA ACÁ LLEGAMOS, pero la vedad que no pude, me agarro tan dulcemente el, pendejo, que no dije nada, y empezó a acariciarme la cola, y así, como un pendejo desesperado, me la empezó a besar, mientras yo se la seguía chupando a Martín, pero cuando me empezó a acariciar la concha, ahí ya no pude más (en realidad hacía rato que no podía más), pero empecé a gemir, cosa que no había hecho hasta ese momento, y abrir cada vez mas mis piernas, y el pendejo me empezó a meter los dedos, y yo mientras ya no me podía mantener en, pie, siento que viene otro y también me empieza a meter mano ¡en la cola!

Entre los dos me sacan la pollerita, ya me habían dejado en bolas, y eso me pone loca, estar en bolas y más delante de esos hermosos pendejos, siento que de atrás uno de los pendejos, me empieza a acariciar las tetas, mientras otro me metía la mano en la concha, y siento las manos del otro también tocándome, ahí con los dedos en la concha y chupándole la pija a Martin y en bolas, entre todos me hicieron acabar.

Ya estaba jugada, lo que en algún momento se me cruzo por la cabeza era realidad, me iban a coger entre todos, no sabía como, pero ya estaba desnuda delante de todos y caliente como la puta madre, ¡me quería comer a todos los pendejos juntos!

Martín, mientras sus amigos, no dejaban de mimarme con sus caricias, me lleva a un cuarto, ahí, cerca de la cocina, Martín me dice: “¿no queres comerte a mi amigo?” yo no digo nada, me subo sobre él y le empiezo a besar ese hermoso cuerpito que tenía, hasta que llego a su pija y me la meto toda en la boca, y me la como desesperadamente, mientras los otros pendejos, me metían mano por todos lados (la verdad no me acuerdo bien, solo se que me tocaban, me acariciaban y eso me calentaba, y mucho) hasta que el pendejo (que estaba lleno de leche) me acaba, me lleno la cara y la boca de leche.

Apenas termino de limpiarme con una sabana, yo estaba en cuatro y ya sentirá una pija que me quería entrar, me doy vuelta para ver quién era, y era uno de los amigos de Martín, lo dejo, lo hacía despacio, con cuidado, le digo: “pendejo ¿queres cogerme?” “si”, me decía: “te quiero coger”, yo le decía: “cógeme bebé, me dejo, cógeme”, me empieza a coger y Martín me empieza a meter la pija en la boca, pero me la metió como lo zarpado que es. Y me gustó, deje que el pendejo me cogiera mientras se la chupaba a Martín hasta que acabo de nuevo y el pendejo que me cogía ¡también!

Se pone en la cama el pendejo que no me había cogido, me subo arriba de él, yo estaba re loca, tenía todas hermosas pijas para mi, y las quería todas, ya estaba re jugada y lo único que quería era que me cogieran ¡todos!, me subo arriba de él, me pongo de cuclillas y me clavo su pija, la agarro y la pongo en mi conchita, y empiezo a saltar sobre ella, mientras siempre siento otras manos que me tocaban, lo que más me calentaba, hasta que siento que alguien, me inclina para que apoye mi cuerpo sobre el pendejo que me estaba cogiendo, me doy vuelta y veo que era Martín, me inclino y Martín, empieza a jugar con mi cola (como yo le había enseñado que lo tenía que hacer), mientras el pendejo me cogía, no tardó mucho en meterme un dedo y su pija y yo a gritar de placer y dolor, ¡no lo podía creer! Me estaban haciendo otra vez doble penetración, pero entre pendejos, que seguramente era la primera vez que lo hacían, pero me gustaba, mi cuerpo temblaba, esa sensación de placer en todos lados, hasta que acabe otra vez y como una guacha, ¡sin importarme nada!

Bueno, la verdad es que ¡no daba más!, tampoco soy una ¡máquina sexual! Me habían cogido entre cuatro y cuatro pendejos de 18 años y con la calentura que tienen a esa edad.

Nada, me quede con Martín en el cuarto un rato más, cuando se me fue pasando la calentura, le dije que era la última vez que nos veíamos, que no iba a ser la puta de sus amigos, me vestí, y aunque no lo crean con vergüenza, a pesar de que me cogieron todos, los salude y me fui.

Pero la verdad es que no me arrepiento, no me voy a olvidar de una noche así.

(9,00)

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