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Angie: Chupándosela a Don Pedro


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No podía ser, Don Pedro me iba a hacer venir con su masaje, no podía negar que desde que lo vi me calentó, ese viejo feo ya calvo con tremenda panzota, que hasta días a penas lo saludaba por lo desagradable que me parecía, ahora me estaba masajeando o más bien manoseando todo el culo como quería mientras enterraba su tosco dedo entre mi pompis, cosa que jamás había un hombre hecho.

Angie: Uumm Dooon… uii, uiii, aaaiii, Don Peeeedrooo… ui, ui, uimmm nooo, su dedo, me vaaa haceeerrr uuuhmmm uuh -apretaba los muslos buscando aguantar más ese inmenso placer que recorría mi cuerpo, estaba entregada al placer.

Don Pedro: Le saco el dedo mi niña? -me pregunto mientras detenía su penetración en pleno pre-orgasmo.

Angie: Uhmmm… nooo, Dooon... Peedroo, siga! -presa de la calentura me dejé caer sobre su dedo con mis pompis deseosas de desatar ese tremendo placer.

Don Pedro: Uhmmm como no dejarte las nalgas coloradas con tremendo culo -Me dice pegándome un par de nalgadas con una voz llena de lujuria.

Angie: aaaah!!… aaah! siii!! Doooon Peeedrooo… que ricooo -gemí desatada sintiendo corrientes de placer inundándome y sacudiéndome de una manera placenteramente vulgar, estaba gozando tan fuerte y extenso que no me di cuenta en qué momento las fuerzas de mis piernas me abandonaron lo cual no pasó desapercibido por Don Pedro, quién sacando su dedo muy lentamente se puso de pie agarrándome firme de la cintura pegando su tremenda panza en mi espalda lo cual me obligó a pararme derecha.

Estaba apoyada sobre la pared respirando agitada luego de haber sentido el más placentero orgasmo a manos de Don Pedro, literalmente, quién aprovechando la cercanía rozo su bulto sobre mis nalgas.

Don Pedro: Le gusto el masaje mi niña? -Me pregunto al oído con su respiración muy agitada mientras sus manos me apretaban más fuerte sintiendo como incrustaba su caliente bulto entre mis nalgas.

Sentí un calor infernal que se transformó de pronto en vergüenza al tomar conciencia como ese viejo me estaba apoyando con calentura haciéndome sentir toda su erección, se la sentí muy grande, eso me puso muy nerviosa haciéndome cuestionar lo que había hecho, cómo había entrado a esa sala con ganas de provocarlo, yo había inventado que mi novio le encanta golpear mis pompis, lo cual era mentira ya que primero no tenía novio, y segundo el responsable era Don Emilio de mis coloradas posaderas.

Con el corazón latiendo a mil, no podía creer lo que había hecho, lo que mi calentura había provocado, recordaba con una mezcla de culpa y vergüenza como aquellas manos me terminaron haciendo gemir de placer, como me corrió el colaless para abrirme las nalgas de par en par y ver mis intimidades al punto de volverme loca su atrevimiento, incitando aún más aquella perversa situación con Don Pedro, dios mío, me deje penetrar mis deseadas pompis con sus toscos y viejos dedos, nunca había sentido un orgasmo así de fuerte.

Extasiada por las sensaciones que sumadas a la actitud que de Don Pedro quién me tenía agarrada firme con sus manos de la cintura más la presión que ejercía su panza contra mi espalda haciendo arquear y pararle más las nalgas a ese viejo, lo cual aprovechaba para enterrar su bulto entre mis gordas pompis, refregando su verga a gusto, haciendo movimientos obscenos como si estuviera culeando, me hacía sentir sometida a sus sucios deseos, lo cual encendió algo en mi que se sobrepuso al miedo haciendo no poner frenos a sus avances.

Don Pedro quién respiraba muy fuerte acercó el dedo con el que me penetró las pompis a su nariz para olfatearlo y llevárselo a la boca.

Don Pedro: Uhmmm que rico te saben las nalgotas mi niña, pruebe. - acercando su dedo cerca de mi nariz para que oliese unos segundos, luego lo puso cerca de mi boca.

Mire su viejo y arrugado dedo dudando unos segundos de su pervertida petición, momento que recordé a mi hermana Lucía me cuando en la piscina me dijo:

“Me excito mucho calentar a ese viejo, se la habremos puesto re dura, parece que la tenía grande…” Mientras pasaba dos dedos por mi pupi recolectado mi humedad para luego acercarlos a mi boca y preguntarme: “Quieres probar la pichula de Don Pedro?”.

Ahora sentía el grosor de su caliente pichula que enterraba con ganas, ese viejo estaba gozando apoyando mi enorme culo y no podía evitarlo, la calentura me dominaba, me excito la pervertida idea de chuparle el dedo, era una morbosa invitación a la que no me pude oponer despertando esas ansiosas ganas que me atacaban cuando deseaba chupar, no pude más que llevar mi boca suavemente a su dedo.

Cuando en eso sentimos un sonido proveniente de un monitor/cámara con sensor de movimiento que se encontraba instalado en la entrada haciendo que Don Pedro me soltara y saliese corriendo a ver a ver el monitor, se arregló rápidamente sus ropas, acomodándose su bulto saliendo de la sala bastante agitado.

En ese momento recobre la razón y aproveché para subirme el short y arreglar mi ropa sacudiendo el polvo, luego tome mi bolso para ver mi celular, eran las 02:55, me tranquilicé al ver que estaba a tiempo para volver a casa. Escuche a Don Pedro saludando a dos vecinos que llegaban, no podía oír que decían, así que intentando calmarme.

Saque mi labial para retocarme los labios, a pesar de que era tarde, era muy vanidosa mientras recordaba al final Don Pedro estaba muy cerca de hacerme suya, ya que mi nula resistencia daba libertad a sus acciones, había perdido el control en manos de ese viejo, debía salir de ahí.

En eso entra Don Pedro con su cara pálida y su mano sobre su pecho respirando muy agitado y con dificultad. Como pudo se acercó hacia la cama que había en el lugar para recostarse y quejarse.

Don Pedro: Ahh!! Me duele el pecho, tengo problemas con la presión, no puedo pasar emociones fuertes - Me dice apenas tratando de explicarme el porqué de su malestar.

Me asuste al ver su alterado estado, pareciera que le faltaba el aire y que le podría venir un paro respiratorio, me estaba dando a entender que se había emocionado demasiado conmigo.

Don Pedro: En mi vida había visto una jovencita con un cuerpo así, en la piscina me dejo obsesionado, y ahora que pude sentir su cuerpo me puso…

Angie: Don Pedro no se agite, intente calmarse - dije cortándolo para que no hablase de lo sucedido ya que me avergonzaba y debía irme.

Angie: Usted fue muy profesional con su masaje y se lo agradezco, lo disfrute mucho, confío en su discreción como paciente. -le dije eso último con énfasis para que no anduviese contando a sus amigos como lo que me dijo antes:

“Les comentaba lo preciosa, dulce, hermosa y rica que es para tener 18 años, que es un sueño verla pasar, que tiene un cuerpo increíble”.

Don Pedro: No se preocupe mi niña, no le contaré a nadie, se lo juro, aparte no me creerían. - dijo agitándose más y viendo que su estado no mejoraba por lo caliente que estaba ese hombre.

Angie: Me lo jura Don Pedro? - pregunte mirándolo fijamente muy coqueta. - mientras me daba cuenta que estaba así de mal por mi culpa, yo había entrado a esa sala con ganas de provocarlo, yo había inventado que mi supuesto novio le encanta golpear mis pompis, yo misma goce cuando soltó mi short bajándolo para dejar mis nalgas con ese colaless al descubierto, entregándome al supuesto masaje que me iba a dar para evitar problemas por las nalgadas que me había propinado Don Emilio.

Don Pedro: Sii mi niña, lo juro - dijo mirándome en su complicado estado.

Eso me gusto y me hizo sentir el control nuevamente de la situación, si Don Pedro no contaba nada, no había problema, aparte me sentía en deuda por el placer que ese hombre me había dado sin saberlo gracias a las fantasías mi hermana y ahora directamente con el tremendo orgasmo que me había dado con su masaje.

Angie: Haber, hágame un lado, y me acomode a su lado y poniendo mi mano sobre su pecho, le pregunté dónde le dolía mientras miraba su tremenda panzota y su pene que se le marcaba mucho.

Don Pedro: Aquí- me dijo indicando su corazón.

Angie: Le hare un masaje ahora yo a usted para que se sienta mejor, relájese - le dije muy suave mientras pasaba mi mano suavemente en círculos sobre su pecho, sintiendo la agitación de ese corazón producto de la calentura y sus problemas de presión.

Don Pedro: Uhmm me hace sentir mejor tu masaje, me alivia, que rico. - dijo mostrando un grado de gozo dentro de su decaída salud.

Los botones de su camisa entorpecen mi masaje y sabiendo que por llegar 20 minutos tarde no pasaría nada, despertó en mí ese sentimiento de complacencia, el producto de su calentura y deseo hacia mi, yo lo había puesto así y sentía que mi deber era hacerme cargo de aquello.

Fue que me incorpore en la cama para comenzar a soltar los botones de su camisa, pensaba en soltar 3, pero termine soltándolo 5, dejando dos cerrados muy cerca de entrepierna, lo cual me permitió admirar su tremenda panzota en su máxima expresión, era tirante y brillaba por el sudor, tenía algunos pelos en su pecho de distintos colores, para cualquiera hubiera sido desagradable, pero para mi fue excitante morboso, me acosté nuevamente a su lado para empezar a masajear suavemente todo su pecho, haciendo cariños a sus pelos buscaba hacerlo sentir mejor con la suavidad y ternura que lo masajeaba, sin evitar mirar su cuerpo.

Don Pedro: Uhmmm que rico mi niña, sigue así, que bien me alivias, que manos más suaves. - decía placenteramente pero su agitación no estaba disminuyendo.

Apoye mi cabeza cerca de su pecho y comencé a acariciar su panza, la recorría en círculos muy suave para detenerme en algún lugar de ella para hacerle cariño con mis dedos para volver a su pecho y seguir a su panzota, embriagada en aquella perversa situación de estar con un viejo así de desagradable con una joven con tremendo cuerpo.

Don Pedro: Oooh mi niña, que ricoo me masajeas.

Angie: Le gusta Don Pedro? - le pregunté mientras comenzaba a darle besitos a su pecho, mientras mi mano jugaba bajo su ombligo haciéndole mimitos en el límite con su bulto.

Don Pedro: UHMMM tú si que sabes hacer sentir bien a un hombre bebe, así - dijo cerrando sus ojos del placer disminuyendo su ansiedad.

Me acomode de lado a Don Pedro sobre mis rodillas quedando frente a él, volví a besar su pecho por todos lados, sintiendo sus pelos, no me importaba en mi afán de hacerlo sentir mejor, fui descendiendo a su panza sin dejar de acariciarlo con ambas manos, besaba diferentes partes de su enorme estómago.

Don Pedro: UHMMM mi niña Que besos mas ricos por dios santo, no sabes como me alivias, me haces sentir mejor, sigue así bebe.

Fui bajando hasta su ombligo con mis besos, donde no puede evitar darle uno con lengua, pudiendo saborear el cuerpo sudado de ese viejo, le dí otro moviendo mi lengua en círculos buscando saborear lo más posible rozaba su ombligo haciendo que Don Pedro se estremeciera de placer.

Solte los 2 botones restantes de su camisa abriéndose para rebelarme la verga de Don Pedro cubierta por sus slips en parte, ya que su cabeza se salía fuera de lo grande que se veía y marcaba, me quedé mirándola asombrada, era muy grande y cabezona, llena de líquidos preseminales, me calentó generando esa ansiosa necesidad de chupar con ganas y deseo, quería aliviar sexualmente a Don Pedro.

Me acerque a besar nuevamente su ombligo, pasándole la lengua con deseo, fui acercándome de a poco al límite de su enorme pene, abajo de su ombligo, al mover mi lengua roce su glande sintiendo el sabor de sus líquidos, eran agrios, muy fuertes, se sentía muy pegajoso, volví a hacer lo mismo varias veces rozando cada vez más su glande, saboreando sus líquidos mientras Don Pedro desesperado suspiraba de placer:

Don Pedro: UHMMM chúpame la verga culona! - me ordenó con lujuria y autoridad.

No bastó más, su petición fue música para mis oídos, su manera dominante llamándome “culona” como si fuera una cualquiera, activando mis ansiosas ganas de mamar aliviando su pene y sus malestares, no quería defraudarlo, quería complacer a ese hombre, quería darle placer.

Mientras rozaba su cabeza me metí esa enorme cabeza en la boca, era gruesa y podía sentir lo viscosa y espesa que estaba su leche, le pasaba la lengua suavemente por todo el contorno saboreando el producto de su deseo, su hombría, apreté mis labios con aquella gula que me atacaba cuando deseaba chupar que me incito a mamarlo con deseo apretando su cabeza con fuerza varias veces mientras mi lengua pasaba tomándose la leche que salía de ella.

Don Pedro: UHMMM! que rico lo chupa mi niña, parece una becerra sedienta por leche, decía bufando acariciándome el cabello.

Angie: Le gusta Don Pedro? Lo hago bien? - Le dije de manera inocente mientras bajaba su slip un poco liberando su pene, era grande, debía medir unos 20 cm, bastante gruesa con venas marcadas en su tronco con bolas bastante gordas.

Se la agarre desde la base, se la apreté y se estremeció, así empecé a masturbarlo suavemente en base a apretones acercando mi boca nuevamente a su pene, solo que esta vez me lo metí lo que más puede, que fueron casi ¾ partes de su pene, sentía mi boca llena de su verga, me la saque un poco para poder concentrarme en la mitad de arriba, lo comencé a mamar lo que mejor podía sincronizando los movimientos con mi mano que le apretaban la base de su verga, con la otra le comencé a masajear las bolas.

Don Pedro: UHMMM!! bebita se nota que te gusta la pichula, lo chupas mejor que cualquier puta.

Me la sacaba un poco para comerle la constante leche que emanaba de su cabeza con mi boca mientras apretaba su verga buscando exprimir su contenido.

Don Pedro: le gusta mi leche mi niña?

Angie: Uhmmm si Don Pedro - le dije mientras comenzaba a chuparle la cabeza nuevamente sin poder evitar apretar mis labios y mi mano buscando complacer y satisfacer a ese viejo que no dejaba de producir líquidos que eran capturados por mi lengua de manera ansiosa.

Don Pedro: Que bueno mi niña, porque llevo un mes sin descargar, tengo las bolas llenas de leche para que usted se la tome, la quiere?

Angie: si Don Pedro, la quiero, deme leche - le pedí mientras lo comenzaba a masturbar más rápido agarrando bien fuerte su verga para volver a mamarlo metiendo su enorme verga hasta la mitad, así baje apretando los labios, para volver a subir mientras pasaba mi lengua por él,

Don Pedro: siga ordeñando su biberón mi niña, me estás haciendo hervir las bolas, se está empezando a calentar tu leche.

Angie: Don Pedro, quiero aliviarlo, déjeme hacerlo sentir mejor, deme su leche por favor -le pedí sumisa y complaciente mientras me lanzaba desesperada a chuparle la cabeza, pasando mi lengua por todos lados, apretando con desesperación mis labios, me comía toda su verga, bajando suavemente con mis labios apretados, para luego seguir chupandole la cabeza sintiendo como le salía más leche.

Don Pedro: mi niña, me estás haciendo subir la leche, la quiere en la boca?

Angie: Siiii Don Pedro, me encanta su pene. -Le dije mientras volvía a mamar golosa su verga.

Don Pedro: Uhmmmm puta, quieres la leche de papi?

Angie: Don Pedro, su niña quiere leche de papi. -dije mirándolo a los ojos provocando su deseo que lo hizo estremecerse.

Don Pedro: ya puta, abre bien la boca que viene tu leche caliente. -me dijo empujando mi cabeza.

Seguí afanada chupando sintiendo las contracciones que sufría el pene de Don Pedro, cuando de pronto sentí su leche entrar en mi boca, los disparos eran contundentes con grandes cantidades de semen, estaba caliente y no paraban de llegar más, era tanta que se me empezó a escapar por la boca, estuvo como 10 segundos eyaculando dejándome la boca llena de semen.

Don Pedro: Esto querías? toma leche culona caliente pico, aquí tienes leche de papi, cómetela toda -mientras me agarraba el pelo pasándome su verga por toda la cara.

Ese viejo había eyaculado como un toro, su leche era muy espesa, lo que me recontra calentó y me fue la fui tomando de a poco, sintiendo lo fuerte e intensa que era su sabor, para seguir mamándolo suavemente buscando recolectar todo su néctar, toda su calentura, así estuve como dos minutos más sin despegar mi golosa boca de su pene hasta sentir como ese enorme pene comenzaba a reducir su tamaño dentro de mi boca, se la empecé a mamar con ganas buscando que siguiera duro pero lentamente perdió su erección hasta quedar chiquitita, de igual manera lo seguí chupando hasta que él mismo me detuvo.

Don Pedro respiraba aliviado y más tranquilo con tremenda sonrisa en sus labios.

Angie: Se siente mejor Don Pedro? - le pregunté despegándome de su verga para preguntarle con ilusión si su estado de salud había mejorado.

Don Pedro: Me has dejado como nuevo mi niña, eres la mejor aliviando verga, deberías dedicarte a eso.

Angie: Ay Don Pedro no diga esas cosas, que me avergüenza, me alegro de que se sienta mejor - mientras me paraba de su lado para ir a ver mi celular, eran las 03:20.

Angie: Don Pedro, tengo que irme, ha sido un placer - le digo riéndome muy coqueta viendo como terminaba de abrochar su camisa.

Don Pedro: El placer ha sido mío, pero anda, ven, dame un besito de despedida -parándose con su verga ya dentro de su slip terminó abrochando su pantalón.

Me acerque para darle un beso en la mejilla lo que Don Pedro aprovechó para besarme cerca de los labios, dejando su cara pegada a la mía, me agarro las nalgas con bravura, apretándolas con sus manos.

Don Pedro: Cuando su novio vuelva a pegarle viene conmigo para aplicarle la pomada. - soltándome me manda tremenda nalgada sobre mis pompis.

Angie: Ay Don Pedro! lo pensaré, nos vemos.

Don Pedro, Chao culona.

En el ascensor fui consciente que mi boca apestaba a la verga de Don Pedro, rece porque estuviesen todos durmiendo, si mi Papi se daba cuenta, no sabía cómo podía reaccionar.

Entre a la casa, estaba todo a oscuras, con la luz de mi celular llegue hasta mi pieza muy nerviosa, me saque la ropa y me puse el pijama para acostarme, una vez ahí me di cuenta que había sido el día más caliente de mi vida. En un solo fin de semana había hecho más que en mis 18 años, me había excitado con cuatro hombres diferentes, Papi, Alex. Don Emilio y Don Pedro.

Repase todos los momentos vividos con cada uno dándome cuenta que mi deseo solo había aumentado, deseaba más, mucho más, quería entregarme a un hombre, quería que me rompieran la cola y la conchita, mis vírgenes tesoros.

Imaginando con quién sería mi siguiente encuentro pensaba en mis posibles candidatos, Don Emilio, Don Pedro, Don Facundo, el Director y los profesores que me miraban deseosos, o mi Papi que me había sorprendido con sus tratos, o Marcos con Lucía, incluso pensé en ese Obrero que quería romperme las nalgas.

Quién será?

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