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Laura, una secretaria muy caliente


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Hace algunos años llegó a trabajar a la empresa una chica de 25 años, Laura era su nombre, mediana estatura, delgada y de piel blanca, no parecía ser muy brillante ya que el trabajo lo realizaba más como una necesidad que como una forma de crecimiento profesional, su trabajo consistía en apoyar a los diferentes departamentos al igual que lo hacían otro grupo de secretarias de más edad.

Con el tiempo fui creando una relación de amistad con Laura, ella comenzó a confiarme sus problemas familiares y yo como buen amigo le apoyaba moralmente (y a veces económicamente), además de aconsejarle lo que yo creía debía hacer para mejorar su relación en casa. Cada vez me involucraba más en su vida, al grado que comenzábamos a comer juntos, nos íbamos juntos a la hora de la salida y de vez en cuando la acompañaba a unas cuadras de su casa para que no tuviera problemas con su marido, pero un día sucedió lo inevitable.

Era viernes y estábamos cada quien por irse a su casa y al despedirnos nos dio un poco de nervios y terminamos dándonos medio beso en los labios, ambos nos sacamos un poco de onda pero volvimos a juntar nuestras bocas para un beso que no llegó a ser muy apasionado. Los dos tuvimos el fin de semana para pensar en lo sucedido, el lunes que regresamos a trabajar lo hicimos como si nada, pero nuestras conversaciones por chat se volvieron más románticas, más íntimas sin llegar a ser cibersexo.

Pasados los días empezaron los "te extraño", "te necesito", "todo el día pienso en ti"... Ocasionalmente nos besábamos a prisa por miedo a ser descubiertos en el trabajo y los coqueteos mutuos se hacían más frecuentes hasta que decidimos ir a un hotel, no muy convencidos de estar haciendo lo correcto ya que ella estaba casada pero con el valor y la justificación de estar haciéndolo en "nombre del amor".

Llegamos a un hotel los suficientemente lejos de la oficina, ya entraba la noche así que la oscuridad nos ayudó a pasar desapercibidos. Nos registramos, entramos a la habitación y poco a poco, quitándonos el nerviosismo comenzamos a besarnos con pasión, las caricias encima de nuestros trajes, ya que la empresa en la que trabajábamos era muy formal. Ella buscaba acariciar mi pene erecto por sobre el pantalón, yo acariciaba sus nalgas sobre su falda estilo sastre, poco a poco las prendas fueron quedando en el piso.

Yo sin ser un modelo de revista creo que no soy desagradable para las chicas, soy alto, moreno, fornido y con 27 años para esa época, siempre me pareció que Laura era delgada, pero a medida que descubría su cuerpo que cada vez se iba quedando con menos ropa me daba cuenta de las bellas formas que poseía una piel blanca que contrastaba con la mía, una cintura pequeña que contrastaba con unos pechos generosos, casi perfectos y unas caderas que vaya que le lucían de maravilla.

Como dos chicos inexpertos nos fuimos a la cama, primero de lado y después yo arriba de ella, sintiendo nuestras pieles. Aún recuerdo su piel suave, su perfume que era de un aroma fuerte, sus pezones claros y pequeños, casi como de una adolescente, me metí entre sus piernas y mi verga erecta comenzaba a acariciar su zona púbica, sus vellos crecidos a los que se notaba no le ponía ningún cuidado especial, eran un espeso bosque, pero lejos de disgustarme siempre me agradó ver el contraste de su piel blanca y su bosque castaño.

Los dos estábamos muy necesitados ya de sentirnos, no dejamos mucho tiempo para el preámbulo o para el sexo oral. Sin dejar de besarla le levante un poco las caderas para comenzar a penetrarla en posición de misionero, Laura emitió un fuerte quejido al sentir entrar mi verga dura en su vagina, pensé que la había lastimado, pero con una sonrisa maliciosa solo dijo "uy que rico" y esa fue la luz verde para comenzar a embestirla con todas mis fuerzas. Yo quería estar lo más adentro de ella, que supiera cuanto la había aprendido a desear y necesitar. Laura gemía de placer y como pudo tomó mis manos y las llevó a sus nalgas, mientras yo seguía bombeándola. La posición me incomodaba un poco pero a ella le encantaba, solo repetía "cógeme así, así, así, soy tuya... Toda tuya, que rico me estas cogiendo". Laura soltó un grito y acto seguido los dos nos venimos en un intenso intercambio de fluidos.

Estábamos agitados, sudorosos, pero felices. Laura son una sonrisa de oreja a oreja me dijo:

- Ya se me había olvidado lo que es coger con fuerza.

Yo me quedé halagado pero sorprendido por el comentario y notando mi sorpresa agregó...

- Nunca te he dicho pero mi esposo tiene ya casi 50, apenas y me coge...

Eché a reír y solo pude decirle... Eres una cabrona!

Comenzamos nuevamente a besarnos, y después de unos minutos de descanso una nueva erección se hizo presente. Laura acomodó una almohada en la cabecera de la cama al tiempo que me decía "acuéstate, disfruta del panorama". Yo estaba sorprendido que esa casi niña introvertida estuviera tomando la iniciativa. Una vez que yo estaba completamente de espalda en la cama, Laura tomó mi verga y le dio algunos jaloncitos para asegurarse que estaba completamente parada y dura. Pensé que me cabalgaría de frente pero se volteó, levanto su hermoso culo y cuando sintió que mi verga estaba en la entrada de su peluda entrepierna se dejó caer y comenzó a subir y bajar rítmicamente. Yo me sentía en el cielo, que visión, su espalda baja, sus caderas, la parte baja de sus nalgas, literalmente era un corazón invertido, el sube y baja dejaba ver por un momento mi verga erecta y en instantes se notaba como ese vagina la devoraba perdiéndose de vista en cada sentón que Laura me daba. Mi excitación cada vez era mayor y no me bastaba el ritmo de Laura, así que incorpore un poco y la tome por su breve cintura y comencé a llevar yo el ritmo, se escuchaba el choque de nuestras pieles, Laura comenzó a gritar y yo aprisionando cuerpo contra el mío me vine a chorros dentro de ella. Ella se echó hacia atrás dándome acceso total a sus pechos y pezones de los cuales pronto me poderé y comencé a pellizcar y jalar, mi verga empezó a perder firmeza y me salí de Laura.

Ya era tarde, pero no quería que ese momento terminara, así que cargué a Laura y la llevé al sillón de la habitación, quería cogérmela salvajemente, literalmente la aventé sobre los cojines y la acomodé en posición de perrito, comencé a embestirá con todas mis fuerzas, que espectáculo era ver esa hermosa espalda, su cintura pequeña, sus caderas redondas y enrojecidas por la batalla. Mientras le daba verga a Laura ella gemía y gritaba. A veces hasta se reía del placer, yo comencé a sentir un leve remordimiento por el esposo de Laura ¿como haría ella para que en casa no se dieran cuenta que venía de ser cogida? Tenía leves moretoncitos en el cuerpo, el culo enrojecido, se le notaba maltrecha, pero al mismo tiempo me morboseaba el hecho de que me estaba cogiendo a la secretaria. Si el tonto de su marido no quería o no podía satisfacerla, yo no cometería el error de desperdiciar la oportunidad de hacerla mía.

Sentí que me venía y de inmediato Laura se bajó del sillón y de rodillas me ofreció su boca. Me vine en ella. Laura se sonrió e hizo un pequeño buche con el semen y su salivalo expulsó y todo escurrió por su pequeño cuerpo...

Nos fuimos a la cama a descansar y a buscar una por una nuestras prendas. Pensé que Laura iría a darse una ducha, pero no fue así tomó una toalla y solo se quitó un poco del semen en su cuerpo y mientras vestía y acomodaba el cabello me dijo:

- A media voy a meterme los dedos a mi vagina y me voy a chupar los dedos pensando en ti. TE AMO.

Salimos del hotel y la acompañé cerca de casa. Nos despedimos con un gran beso y un apretón de nalga. Ese fue el principio de un par de años de amor, sexo y placer.

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(9,40)

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