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Tatoo y algo más


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Ya pasó algún tiempo de esta parte de mi vida, parte que les narraré a continuación.

Tenía poco más de treinta cuando la conocí, llevaba más de siete años de matrimonio con Laura, mi primera esposa, trabajaba en ese entonces como inspector de seguros de automóviles, intervenía en esos siniestros viales, accidentes de tránsito en los que había que litigar, donde me tocaba hacer peritajes para aportar ante los juzgados correspondientes.

Mi vida era vivir en la calle, la compañía de seguros me mandaba a recorrer la ciudad y los pueblos de alrededor, aunque era todo un tanto repetitivo a mí me gustaba mi trabajo, siempre era conocer gente y nuevos desafíos a resolver.

Fue a fines de abril, lo que en principio era un trámite más dentro de tantos, terminó cambiando mi vida.

Mariana Domenech, ese es su nombre, en ese momento era un nombre más en mi itinerario, había chocado con su motocicleta y el caso no pintaba bien.

Fui a su casa a interiorizarme de lo sucedido, ella me recibió con un poco de dificultad, puesto que en ese momento se desplazaba con un par de muletas, su pierna derecha lucía un yeso hasta la rodilla, producto de una fractura producto del impacto.

Y por alguna razón intangible, la señorita Domenech llamó mi atención, mientras tomaba toda la declaración y me narraba lo sucedido, iba fotografiando en mi mente la figura de esa mujer, en verdad no era muy bonita, se notaba un tanto rellenita, bastante ajustada en una blusa verde, donde se marcaba en demasía el sostén conteniendo sus pequeños pechos, también noté que su amplia pollera negra trataba de disimular sus anchas caderas y su generoso trasero, más allá de la media.

Su rostro no expresaba demasiado, de tez morena, cara oval y ojos oscuros, enmarcados en gruesas cejas que junto a su lacio y renegrido cabello era lo que más me llamaba la atención.

Pero si bien su físico me atraía, creo que vi en ella algo que llamó más mi atención, Mariana se notaba extrovertida, una mujer de tomar decisiones, como un vendaval que arrasa todo a su paso. La piel que estaba desnuda ante mis ojos dejaba ver incontables tatuajes, y sus orejas varias perforaciones adornadas con aros brillantes, sin dudas, una personalidad no común.

Y ese primer encuentro abrió la puerta para una segunda consulta y en algún punto perdimos el control y todo cambió…

De la nada empezamos a ser amantes, terminamos en la cama, Mariana era fuego, era una ninfómana que solo quería que la cogiera, me llevó al borde de la locura.

En algún momento solo quería coger con Mariana, perdí el interés en mi esposa, empecé a odiar a Laura, porque todo el mundo de mi amante parecía ser perfecto y todo lo relacionado a mi esposa se me hacía tedioso al extremo.

Dejé a una para ir a vivir con la otra…

En poco tiempo, pasamos por el civil, ahora estaba con la señora Mariana Noelia Domenech de Ramírez, y en esos primeros años tendría el mejor sexo de mi vida, ella era en la cama todo lo puta que puedan imaginar, y más también, teníamos sexo al levantarnos, a la siesta, a la noche, en la ducha, en el coche, en el patio… diablos…

Ella empezaba a consumir mis energías, había perdido unos cinco kilos, no tenía paz, nunca se saciaba…

La situación parecía volverse insostenible, honestamente no podía seguirle el ritmo.

Fue en esos días cuando tuvo una brillante idea, Mariana me comentó que quería hacerse un gran tatoo en una de sus nalgas, estaba buscando algunos dibujos de lechuzas, eso es lo que quería, y sabía que no importaba mi opinión, ella lo haría.

Sonreí sin comentar, imaginé perversamente que en tremenda nalga seguramente tendría una lechuza gigante…

Y en un tiempo empecé a ver los primeros trazos en su glúteo derecho, apenas unas líneas de un arduo trabajo.

Yo sabía que Alfonso era quien le hacía el trabajo, ella me contaba que era un viejo amigo que le había hecho la mayoría de los tatuajes, que era de confianza y no sé cuánto más, pero sentí revolverme las tripas solo imaginando el momento del trabajo, el culo de mi mujer desnudo a los ojos de ese ‘profesional’.

Y empezaron algunos roces, algunos celos, cuando yo sabía que ella iba a una de las sesiones, admito que solía ponerme insoportable…

Mariana fue quien sugirió que la acompañara, si es que eso lograba bajar mi ansiedad…

Así conocí al famoso tatuador, un cuarentón que aparentaba muchos más, flaco como esqueleto, con la piel pegada a sus huesos, de cabellos plateados prematuramente por las canas, largos y recogidos, de mirada profunda y voz ronca, con una sonrisa para desconfiar.

Mariana nos presentó, él ya sabía porque yo estaba ahí, en rol de custodio, pero no pareció inmutarse. Pude notar que ellos se conocían hace tiempo, incluso antes que yo apareciera en la vida de mi mujer.

El cerró los cortinados del local para dar privacidad y trabó la puerta con llave, me dijo que me sentara a un costado, y luego se dirigió a mi mujer mientras se ponía unos guantes esterilizados

Vamos flaca, a ver cómo anda ese culito?

Algunas cosas quedaron claras para mí en ese momento, su sentido del humor, mi mujer no era ‘flaca’, y no tenía ‘culito’, y mi presencia no lo inmutaría para nada…

Mariana dejó con naturalidad a un lado la pollera quedando con una diminuta colaless roja, con sus enormes jamones expuestos, se colocó boca abajo en la camilla y se entregó a las manos del artista…

Preparó en silencio todos los implementos, observó el cuadro y pronto el sonido característico de la máquina de tatuar llenó la habitación.

Alfonso empezó a trabajar sin levantar los ojos del culo de mi esposa, su mano libre reposaba en su cuerpo semidesnudo y esto me provocaba cierto escozor, Mariana, parecía ajena al dolor y me miraba solo para ver mi reacción, tenía esa cara de puta que ya le conocía…

El tipo entonces, directamente empezó con su ofensiva dialéctica

Flaco… hermoso culo tiene tu mujer… cierto?

Yo no respondí, aturdido por lo directo de la pregunta, entonces paró unos segundos de tatuar y levantó la vista para mirarme fijamente y repreguntar

Ey! flaco… no me escuchaste? Precioso culo el de tu mujer…

Si… - dije yo, aun sin salir de mi asombro

Mientras Alfonso decía esto se lo apretujaba y Mariana parecía no molestarse por la situación, yo no sabía si trompear el tipo o quedarme sentado sin decir nada, opté por esta opción con un raro escozor entre las piernas…

Acompañé a mi esposa a cada una de las sesiones hasta que su enorme tatoo estuvo terminado, en cada encuentro el tipo siguió con su carga dialéctica para conmigo, diciendo directamente ‘lo buena que estaba’ ‘lo bueno que cogería’ ‘el hermoso culo que tenía’ y más… ‘que seguro la chuparía muy bien’ ‘que pagaría por hacerle el orto’ ’que podríamos hacer un trío’ y muchas cosas más…

Mariana? Disfrutaba de la situación y me confesaba luego que mojaba la tanga solo imaginando…

Y yo? Terminaba con terribles e inconfesables erecciones…

Hacía ya un mes que una enorme lechuza me miraba desde la nalga derecha de Mariana, su tatuador me había acorralado dialectalmente encuentro tras encuentro, y no supe porque, pero cuando esa tarde se presentó en nuestro domicilio para un teórico control de su trabajo, yo sabía muy bien que sus intenciones eran otras…

Fuimos los tres al dormitorio, Mariana tuvo que bajarse su jean y esta vez también su ropa interior, dado que era un culote de dimensiones considerables que tapaban demasiado al tatoo.

El empezó a refregarse su paquete y dijo tomando el control de la situación

Sabes… quiero que me chupe la pija… y quiero que vos me mires como lo hace, así que te quedas a un costado y solo observa… está claro?

Así lo hice, sin decir palabra, en lugar del dueño de casa parecía un tonto invitado, ese flaco puro huesos había tomado el control y Mariana parecía entregada, pensé que esto ya había sucedido antes de conocerme, que era la forma en que ella pagaba por sus trabajos, o tal vez cogían a mis espaldas, tal vez ella me metía los cuernos y yo no lo sabía, pero parecía encajar todo demasiado bien como para ser la primera vez.

Mi esposa se había arrodillado a sus pies, el sacó su verga bastante erguida de entre sus pantalones y solo se la puso en la boca, yo me quedé mirando como un tonto, Mariana se la chupaba con esmero, como lo hacía conmigo y el tipo mostraba un dejo de satisfacción.

El murmuraba, solo él hablaba

Qué puta que sos, como te gusta chupar vergas… y vos? vos que estás mirando… viste lo puta que es tu mujer… que rico me chupa la verga… pensabas llegar a esto?

Alfonso llevaba el control, eso estaba claro, con una mano aferraba los cabellos de mi esposa, con la otra la base de su verga, metiéndola a su gusto en la boca, Mariana parecía desesperada tratando de atraparla y yo solo observaba con una terrible excitación…

Llegaba el momento, diablos, él se la arrancó de la boca y le dijo que la mantuviera abierta, su glande estaba a centímetros de sus labios y se masturbó con frenesí, el espeso líquido blanco brotó a chorros sobre el rostro de mi mujer, fue excitante ver cómo fue por su nariz, por su mejilla, por su cara, como ella infructuosamente trataba de captar algo, de llevarlo a su boca, se saborearlo, pero él se lo impedía, apenas unas gotas llegaron a sus labios y ella las saboreaba como agua en el desierto…

Cuando terminó, él la soltó con una tanto de desprecio y le dijo

Siempre la misma puta… ahora chupate toda esa leche y tragátela… puta…

Y vos… -dirigiéndose a mi- dale… quiero ver como cogen…

Era raro, pero el daba órdenes y nosotros cumplíamos, acaso no debía ser al revés?

Mariana estaba enloquecida, me desnudé y fui sobre la cama, ella también se había desnudado y vino sobre mí, fue explosivo, ella empezó a cabalgarme, sus caderas saltaban sobre mi comiéndose toda mi verga, estaba extasiado y ella aún más, saber que en nuestro propio dormitorio un extraño nos observaba mientras nosotros cogíamos era algo para lo que no estaba preparado.

Mi cabeza funcionaba a miles de revoluciones, miraba el rostro de mi esposa, el semen chorreado se había secado sobre su mejilla derecha, acerqué su rostro al mío, sus jadeos me excitaron, su aliento me recordó la verga del tatuador, la besé con locura, sentí un amargor especial, producto del semen que había ingerido, no entendía el motivo, pero todo esto me enloquecía…

Alfonso volvió a hablar, nos pidió un minuto, se acomodó por detrás de mi esposa, apretó sus caderas, por Dios… sentí sobre mi pija como la suya se metía lentamente en el culo de mi mujer, el rostro de mi hermosa Mariana se desencajaba, sus ojos cerrados, sus dientes superiores se habían montado sobre su labio inferior, tratando de acallar, pero un excitante quejido escapaba de entre sus labios, me quedé inmóvil, desde abajo mucho no podía hacer…

Mi verga dura estaba en su concha, por el otro lado sentía ya como la pija de Alfonso entraba y salía del culo de mi mujer, ella gemía en cada embate, su mano contra mi pubis acariciaba su clítoris regalándome interminables orgasmos, y las palabras de ese tipo que llenaban mis oídos

Que puta que sos… como te gusta la verga… nunca vas a cambiar…

Como siempre el parecía tener todo bajo control, se retiró unos minutos, le pidió a ella que tomara mi verga y la metiera en su culo, necesitaba ver como yo se la daba por el culo.

Mariana obedeció, y siguió cabalgándome, solo que ahora mi verga estaba en el otro agujero…

Fue entonces cuando el tipo puro huesos volvió a la carga, otra vez las manos presionando las caderas de mi esposa, y noté que intentaba meterle la verga en el culo, solo que ahí estaba la mía, intenté impedirlo, pobre culito de mi amada, pero entonces ella por primera vez, tomando la iniciativa, me dijo

No! déjalo… quiero tener las dos en mi culo…

Me quedé observándola sin entender, mientras sentía a nuestro amigo forzar la entrada trasera una vez más…

Como decirlo? Luego de varios intentos fallidos la pija de Alfonso estaba totalmente comprimida junto a la mía en el interior del culo de mi esposa, la sensación era rara, sentir el contacto pija contra pija, refregarse la suya contra la mía, tan apretadas, tan juntas, era todo tan perverso…

El empujaba como toro, sentía sus bolas pegar cobra mi sexo, Mariana se perdía en gritos clavando con fuerzas sus afiladas uñas en mi carne, no pude aguantar, tantos rozamientos… me vine en lo profundo de su culo, fue riquísimo…

El tipo no paraba de hablar, diciendo una y otra vez lo puta que era mi esposa, como le gustaba coger con dos tipos y como le estaba quedando el culo, todo esto me insultaba un poco, al fin de cuentas era mi mujer de la que hablaba, pero dadas las circunstancias sentía mucha excitación al mismo tiempo, porque honestamente, Mariana se portaba como una puta…

El tatuador entonces sacó su verga y acabó por segunda vez, sobre el trasero abierto de mi mujer y sobre mi propia verga que aún seguía en su interior…

Llevé mi mano comprobar lo que creía, mi verga, mis bolas y hasta mis piernas estaban chorreadas por la leche de Alfonso…

Tener el semen caliente de otro hombre en mis genitales me pareció tan sucio como excitante, comprobé que mi verga seguía erguida a pesar de todo.

Y llegó el momento menos esperado, el que jamás había imaginado que pudiera suceder, Alfonso me miró directamente y me dijo

Y vos flaco? No me la querés chupar un poco?

Yo sonreí, obviamente era todo una broma, eso asumí… pero él se pajeaba nuevamente y se acercaba a mi rostro peligrosamente, Mariana empezó a acariciarse los pezones y me dijo

Si! quiero ver cómo te la chupa…

Ella tomó mi nuca con una mano y la verga erguida con la otra, para ir acortando distancias, yo no me moví, pero él se siguió acercando, más y más…

Dale, chupámela un rato, nadie se va a enterar…

Solo cerré los ojos, solo abrí un poco la boca, solo sentí su pija meterse en mi boca, y no me desagradó, por el contrario, además sentí a mi esposa muy entusiasmada, alentándome, llevando el ritmo, manteniendo una mano tras mi nuca para que no me separara y pajeándolo con la otra.

Ella parecía haber tomado el control del juego y la escuchaba decir

Si! si! si mi amor! viste que rico? viste que lindo que es?

De pronto tomó una de mis manos y la reemplazó por la suya, para que yo mismo lo masturbara, así lo hice, abrí los ojos entonces, estaba con esa verga en la boca, chupándola y frotándola, Mariana empezó a masturbarme, cuando sentí un sabor salado en mi boca, ella lo notó y volvió a decir mientras aumentaba la velocidad de su mano, la que masturbaba mi pija caliente

Si! quiero que te acabe en la boca, si… quiero que sientas lo que yo siento!!! Me calienta…

Alfonso largó un chorro que fue directo a mi garganta, el sabor era raro, en segundos mi boca se llenó de semen y yo también empecé a acabar… mi esposa me arranco de la verga que yo chupaba para chuparla ella, luego vino a mi encuentro y me besó profundamente, robándome parte de la leche caliente que aún tenía en mi boca.

Fue todo muy loco, impensado, pero el calor flotaba en el cuarto, tenía semen por todos lados, parte mío, parte de Alfonso, en mis piernas, en mi abdomen, en mi pecho, en mis genitales, en mi pera, en mi boca…

No hubo más por ese día, solo recuerdo a Alfonso con su risa socarrona, como había vuelto a cogerse a mi mujer, porque ya tenía claro que se la cogía a menudo y, además, como me miraba en forma altanera, si hasta a mí me había hecho su putita…

Después de ese día las cosas comenzaron a cambiar con mi mujer, medité mucho, y todo había sucedido en un rato de calentura, pero yo no era así, esto no quería para mi vida, pero Mariana no estaba de acuerdo, y como siempre se salió con la suya…

Volvimos a meter al tatuador en la cama varias veces, y ella se excitaba y se masturbaba cuando yo tomaba un rol pasivo, disfrutaba ver a su esposo ser sometido por otro hombre, que locura… solo por complacerla volví a chupársela varias veces y hasta dejé que me sometiera…

Las cosas solo se dieron, empecé a odiar todo el mundo de Mariana y al tatuador, nos distanciamos poco a poco, creo que en los últimos tiempos ella cogía más con el que conmigo, en verdad, no me interesaba…

Por un tema menor, de casualidad me había cruzado con Laura, mi primera esposa, y fue lindo, sentí esa chispa que aún mantenía con vida ese amor de años atrás, volvimos a salir y bueno, decidimos darnos una segunda oportunidad…

Hoy vivo nuevamente con ella, en una vida más tradicional, lejos de la locura que me proponían Mariana y el tipo de los tatoo…

Si eres mayor de edad puedes escribirme a con título ‘Tatoo y algo más’ a [email protected]

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