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La historia de Ángel, solo era un muchacho (28)


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Cenamos en una de las cafeterías del mismo hotel, una cena ligera un poco mas abundante para ellos, y luego subimos a la habitación para lavarnos los dientes, vestirnos de fiesta, echarnos colonia que yo rocié abundantemente, y bajamos para caminar por el paseo buscando una parada de taxis.

Habían quedado en la puerta de una disco que estaba relativamente retirada del centro, teníamos que pasar al otro lado del río y con el frío que hacía no resultaba agradable hacer el trayecto paseando.

Se nos habían adelantado, como hicieron a la mañana, y nos estaba esperando Markel en la puerta de entrada, su hermana había entrado por no poder soportar el frío. Abrió la puerta de mi lado del taxi, y sumamente galante, me ayudó a descender del coche. Me abrazó dándome dos besos, se había vestido muy elegante, aunque iba con pantalones vaqueros ajustados, parecía un chico de pasarela, con el pelo peinado con algún producto que se lo retenía perfectamente en el lugar que el deseaba.

-¡Estas divino Ángel! -que esto me lo dijera en voz alta, y delante de mis dos chicos, me subió los colores a la cara y dejé de sentir el frío del gélido aire.

-Gracias Markel, tu también te has puesto muy elegante. -le miré el pelo para que se diera cuenta de que me había fijado.

Nos precedió sin apartarse demasiado de mi con las entradas en la mano. La disco era una inmensa nave en un polígono algo alejado de la ciudad y estaba muy concurrida, había sido una buena decisión desplazarnos en un taxi ya que el parking estaba lleno de coches.

Lorea nos esperaba sentada en una mesa alejada de la sinuosa pista de baile, casi llena de personas a pesar de ser muy grande. Cerca de la cabina elevada del pincha discos tenían un escenario móvil para retirarlo de la pista y disponer de más espacio.

Nos saludamos y también tuve que reconocer que, al igual que Markel, era una chica preciosa, ahora lucía muy linda su maquillaje de fiesta y la provocativa ropa que llevaba, con una falda que le tapaba justamente hasta el inicio de las nalgas, sus torneadas y delgadas piernas lucían sobre los altos tacones de sus zapatos.

Su hermano continuaba prestándome una excesiva atención, retirándome la silla para que me sentara, o como hizo al entrar, ayudarme para quitarme el abrigo en el guardarropa. No me pasaba desapercibida la sardónica sonrisita de Pablo observando su actuación.

La fiesta se fue animando hasta llegar un momento en que resultaba muy difícil hablar. Lorea resultó ser una buena bailarina y que además le gustaba, por lo que enseguida nos acercamos a la pista para sentirnos envueltos en la abrumadora humanidad de cientos de cuerpos moviéndose y sudando.

Seguía descubriendo facetas, desconocidas hasta ahora, de Pablo y Álvaro, sabían desenvolverse en aquel ambiente y también mover el cuerpo al ritmo de la música, donde podías hacer cualquier cosa que no fuera quedarte quieto. También les gustaba beber, y eso me resulto algo extraño, pero resultaba agradable sentirles desinhibidos bailando con Lorea, y Pablo la prestaba atención luciéndola entre sus brazos.

Lentamente Markel aprovechaba el baile para acercarse mas, y a la vez intentando alejarme de mis amigos, me daba perfecta cuenta y su cortejo me agradaba, sobre todo al ver la atención que Pablo tenía hacía su hermana.

Terminamos en un extremos de la pista, una zona algo alejada de nuestra mesa y allí, ya sin reparos, me abrazó siguiendo el baile. En parte estaba bien para descansar un rato y recosté la cabeza en su pecho, él me besó el cabello.

-¿Te habían dicho que eres muy guapo? Pues hoy estas para morderte y eso es lo que deseo hacer. -él no se dio cuenta por la oscuridad reinante, pero me emocionó el sonido susurrante en mi oreja y sentí una oleada de agradable calor en la verga y en mi anito.

-¡Oh! Markel No por favor, Lorea y mis amigos van a empezar a buscarnos, déjame, piensa que tu hermana se va a asustar si nos ve así.

-Ella también quiere participar, tu le gustas y también tus amigos, está deseando que la follen. -era increíble, y a la vez sus palabras confirmaban lo que opinaban Pablo y Álvaro sobre ellos.

-¿Tu follas con Lorea, tu hermana? -al hablarle sentía su verga empinada apretada en mi abdomen y como se le endurecía más.

-¿Tú que crees, bebe? Si que follamos y nos cambiamos los amantes, compartimos, y eso es lo mejor. -a Markel no le importaba sincerarse y manifestar sus deseos claramente, con brusquedad, y me excitaba saber que cogía con su hermana, que ella le aguantaba la tranca que ahora se apretaba contra mi, deseando romperme la tela de la ropa, y la misma piel para penetrarme.

Se apartó unos centímetros dejándome respirar y me cogió la mano llevándola a mi estómago donde su polla palpitaba apretada contra él.

-Siéntela, se que gusta, tu eres como nosotros, mueres por el sexo y una buena verga. -pensé en lo que me decía, y las escenas de mi reciente acto de amor con mi chicos pasó por mi cabeza.

Solamente hacía unas horas que me dejaban desfallecido y satisfecho y ya deseaba verga de nuevo, me estaba convirtiendo en un puto ninfómano que sin remedio necesita que una polla le tapara los agujeros, convertía el amor en lujuria y no me importaba de quien fuera la verga, si que conocía mis preferencias, pero ante una oportunidad que se me ofrecía, tan deseable y a mi alcance, me salía de control.

Y aún no había caído en lo peor, por lo menos a veces me sentía satisfecho, y de momento no interfería en mis relaciones afectivas, aún no buscaba en cualquier rincón al macho que quisiera darme polla, todavía podía controlar mi libido, o aparentar que lo lograba. Esperaba volver a mi estado anterior antes de mi secuestro y horrible violación.

Markel para ese momento se había bajado la cremallera de la bragueta y me llevó la mano dentro de la tela, la polla le sobresalía de la cintura del bóxer y la pude sentir muy húmeda. Me estremecí al sentirla y al obligarme a pasarle la mano noté lo larga y gorda que era, y lo caliente que la tenia.

Debía haberle retirado la mano pero era una terrible tentación sentir su dureza y pujanza. Sin quitarse el pantalón se bajó el bóxer dejándoselo por debajo de los huevos, y mi mano, sin voluntad propia, resbalo de la dura polla para llegar a coger los gordos y duros testículos que pendían en la base.

Markel estaba bien dotado por la naturaleza, una magnífica verga y unos productores de semen increíblemente gordos, completaban a aquel soberbio espécimen de macho semental en plena efervescencia.

-No Markel, no puedo, ahora no. -intenté retirar la mano pero él no me la soltaba y la subió para cerrármela alrededor de su verga.

-¿No te gusta lo que tienes en la mano? ¿No soy de tu gusto? -no se el motivo, pero no puedo soportar que un hombre que esta tan bueno se sienta minusvalorado al ser rechazado.

-No es eso Markel, tu me gustas, tu verga se nota exquisita y ahora mismo la deseo, pero no puede ser.

-¿Tanto te importan tus amigos que no puedes prescindir de ellos y hacer lo que deseas? Hay cuartos para que podamos hacerlo en privado, o aquí en cualquier rincón oscuro. Necesito poseerte. -me había arrastrado hasta un rincón apartado salvo por otras parejas que estaban en la misma situación, y todo ello sin abandonar mi mano que apretaba contra el enorme falo masajeándolo.

Intentó bajarme el pantalón tirando de ellos, y ahora si que me resistí, aún no había caído tan bajo para dejarme follar allí delante de tanta gente, pero los demás lo hacían, estaban follando sin pudor ni vergüenza aunque cada uno estaba a lo suyo.

-Esta bien Markel, te masturbo y ya vale, no voy a llegar más lejos. -debió de pensar que no iba a conseguir su propósito y se abrió entera la bragueta para sacarse a polla y los huevos.

Empecé a meneársela deseando que le llegara el orgasmo y se corriera, para terminar con aquella embarazosa situación y volver donde nuestros amigos. Markel gemía muy fuerte, con voz ronca queriendo contener su ruidos guturales de placer. Mi mano no abarcaba la circunferencia de su pene y quise compensarle el que cediera a mi negativa inclinándome para besarle la punta de la verga y lamerle los jugos que expulsaba abundantes y calientes.

-Sí, chúpala date el gusto de sentirla en tu preciosa boquita. -pero no lo hice aunque no me faltaban las ganas, de mamársela y bajarme los pantalones para que me la metiera my profundo.

Le di unos besitos más y le pasé la lengua sin dejársela de mover muy rápido, hasta sentir la leche avanzar saliendo de sus testículos, hubiera preferido recibirla en la boca y saborear su corrida pero me aparte y toda la leche cayó en el suelo, seguramente algo nos salpicaría pero no lo noté.

Seguía sujetándome, evitando que me levantara, empujándome la espalda hasta terminar la corrida en mi cara y entre los pelos de sus huevos, el olor era muy penetrante y fuerte, a macho recién ordeñado.

-¡Ayyy! Ángel, ha estado muy bien pero no era lo que yo quería y necesitaba. -se limpió los restos de leche con un pañuelo desechable y se metió la polla en el pantalón, aun dura y tiesa sobresalía por encima de su bóxer.

-Te voy a dar una nota con nuestra dirección, donde vivimos, tenéis que venir unos días a pasarlos con nosotros, no te arrepentirás, y tus amigos tampoco. -me abrazó y me besó en la boca antes de sacar un papel de su bolsillo que yo guardé sin mirarlo.

Le pedí que me acompañara a los aseos, quería lavarme la cara y las manos para quitar cualquier rastro del olor que tuviera de su verga.

Luego todo fue más tranquilo, en la mesa no teníamos a nadie, seguían en la pista de baile y pude respirar aliviado de que no hubieran notado la ausencia. Como otras muchas veces me equivocaba, Pablo me lo confirmaría después.

La noche transcurrió sin darnos cuenta hasta las tres de la noche, decidimos irnos antes de que el publico comenzara a despedir la noche y resultara imposible conseguir un taxi, Markel y Lorea partieron los primeros y allí mismo nos despedimos, al día siguiente se irían a Bayona en Francia para recoger a unos amigos.

Hacía un frío helador a pesar de nuestros abrigos, el contraste entre el interior y la calle se notaba, se colocaron a mis costados abrazándome para que no me enfriara hasta que nos recogió el taxi.

Pablo se mostraba muy cariño, demasiado para como él es normalmente, y cuando salimos del ascensor al pasillo, me sujetó para subirme a su hombro, como si fuera un saco de cereales, me resistí sin lograr que me soltara y además no quería caerme desde esa altura, pataleé protestando y tuve que sujetarme, cabeza abajo como estaba, a su cintura.

Escuchaba las risas de Álvaro caminando delante de nosotros y nos abrió la puerta de la habitación. Los dos chicos reían mientras yo seguía protestando y dando pataletas en el aire, no lograba desasirme de los fuertes brazos de Pablo, llegó ante la cama y me dejó caer como si fuera un fardo, y se me echó encima aplastándome.

-Ahora nos vas a contar sobre esa ausencia tuya con Markel. -me sujetó las manos por encima de la cabeza, yo continuaba luchando y ya empezaba a sudar con mi abrigo puesto y por la calefacción del hotel.

-¿De qué hablas? Déjame que me quite el abrigo, me asfixias. -Álvaro, que se había sentado, se levantó para ayudarme y nos quitamos la ropa. Creía que todo había pasado, pero Pablo no dejaba de mirarme mientras me retiraba los zapatos y la chaqueta.

-Ya estás más ligerito de ropa, ¿nos vas a decir lo que pasó? -se me acercó y me sujetó entre sus brazos, balanceándose como si estuviéramos bailando, le seguí el juego mientras observaba que Álvaro ya estaba casi desnudo.

-No pasó nada, me acompañó al aseo para refrescarme. - se apartó un poco para besarme la cara y hasta llegar a mi boca.

-Mentiroso, aún te huele la boca a sexo. -abrazado como estaba por la cintura volvimos a caer sobre la cama, ahora se colocó sobre mi sentado en mi estómago, me sujetó las muñecas con la mano izquierda por encima de la cabeza y con la derecha me desabotonó la camisa. comenzando a hacerme cosquillas en los sobacos. Empecé a reír y a patalear, a moverme lo poco que me permitía.

-Déjame Pablo, tengo muchas cosquillas, por favor. -vi como Álvaro se sentaba a nuestro lado sin intervenir, solo sonreía divertido al vernos en esa situación.

-Es muy fácil, pararé cuando nos digas la verdad.

-Esta bien, hablaré, quería follarme, Markel pretendía hacerme suyo y ahora suéltame por favor. -me resultaba difícil hablar y las lágrimas me salían.

-¿Solamente fue eso en tanto tiempo?

-Le masturbé, le hice una paja nada más y le besé la polla, no paso otra cosa, por favor Álvaro ayúdame. -al fin se detuvo para mirarme desde arriba y vi como sonreía.

-¿Te gustó, su verga?

-No la probé, solo me propuso que les visitáramos algún día y tenías razón se la monta con su hermana. -recordé que tenía su dirección en mi bolsillo, pero eso no se lo iba a decir, no estaba dispuesto a favorecer que mis dos hombres se lo montaran con su hermana o con él mismo, los celos me dominaban y seguía pensando que ellos eran míos.

Lo mismo que sentía cuando se follaba a Ana María, me pasaba ahora, pero con los dos, consentía y hasta me agradaba que entre ellos se quisieran y desearan, siempre que fuera en nuestra relación de tres, pero no quería, de ninguna manera, que estuvieran con otros hombres o mujeres.

La sorpresa se reflejaba en la cara de los dos al escucharme, una cosa era suponerlo y otra que yo se lo certificara ahora.

-Vaya con los dos pajaritos que hemos encontrado, algún día podríamos llamarlos para quedar, me encantaría follármelos. -Pablo me miraba irónico, sabía que sus palabras me molestaban.

Le cogí del cuello y comencé a besarle los labios.

-No harás eso, no quiero volver a verlos si piensas así. -entonces se volvió cariñoso y llenaba de besos mi cara, no pasaron muchos segundos para que sintiera renacer mis deseos al sentirme querido y besado de esa manera tan linda, las ganas por la verga que despertó Markel en la disco renacían ahora y aumentadas.

Luché para ponerme sobre él y ahora no se resistía dejándome hacer lo que quisiera, ocupé su lugar y era yo quien ahora le besaba mientras Álvaro me quitaba la camisa y me daba pequeños besitos en los hombros.

-¿Quieres verga eh pequeño? -me susurró en el oido mientras mordía mi oreja.

-Si, la deseo, quiero vuestras pollas pero también metértela a ti y desvirgarte el culito. -me despegó de él para mirarme a los ojos.

-¿Tanto lo deseas? -sentía a Álvaro apoyado en mi espalda, mirando a su amigo desde detrás de mi.

-Yo también quiero probarte no me olvidéis. -fue un acuerdo donde no necesitábamos más palabras, Pablo estaba decidido a entregarse y nos levantamos para ir al baño a lavarnos.

Álvaro pasaba las manos por su cuerpo a la vez que yo le lavaba el duro pene y el culo, mostrándole nuestras experimentada y ya depurada técnica.

-¿Eso me vas a meter por el culo? -miraba asustado la ducha rectal y Álvaro y yo comenzamos a reír.

-Vamos Pablo que no vamos a matarte, déjate hacer. -Entre risas y bromas conseguimos limpiarnos, también con muestras del amor que sentíamos.

Álvaro comenzó a comerle el culo cuando volvimos a la cama, los tres estábamos excitados al máximo por nuestros juegos en el baño. Nuestro amigo seguía teniendo miedo pero gemía encantado sintiendo la lengua de Álvaro queriendo penetrarle el ano.

-¡Ohhh! ¡Ohhh! ¡Ohhh! -gemía sordamente con la cabeza metida entre mis piernas.

-¿Te gusta? -Pablo no le respondió y agarró mi verga estrangulándola en la mano.

-Te he preguntado que si te gusta. -Álvaro dejó de chuparle el culo y le pegó una pequeña palmada en una nalga.

-Me gusa, ¡joder! Me encanta, sigue chupándome el culo.

-¡Mariconcito vicioso! -repitió el golpe en la otra nalga y volvió a lamerle el culo de forma guarra, echándole saliva en el ano para volver a lamerla y llevársela a la boca.

Pablo a veces me corría el pellejo de la polla besándola cuando no se quedaba extasiado sintiendo la lengua y los labios de su amigo chupándole con gusto el ano.

En un momento Álvaro levantó la cabeza que tenía enterrada en la raja del culo y me miró directamente a los ojos.

-Está riquísimo pruébalo tu. -cambiamos de lugar y empecé a lamer el culito virgen de Pablo, nuestro amigo me lo había dejado húmedo y caliente, me encantaba, y sobre todo al notarle contraerse, temeroso al desconocer las sensaciones maravillosas de una lengua maestra como la mía, horadando su anito hasta conseguir tener mi lengua dentro de él.

-¡Ohhhh! ¡Ohhhh! ¡Ohhhh! ¡Ohhhh! Ángel, que delicia mi amor. -dejé de chuparle para meterle un dedo y jugar dentro de él, no protestó, solamente abrazó con el esfínter mi dedo, y ya le sentía dilatado como para meterle dos, y para mi sorpresa tampoco hubo protesta, le gustaba, ya no tenia dudas de que Pablo gozaría con nuestras pollas en su culo a pesar de poder sentir su hombría y orgullo de macho heridos.

-Te voy a dar la verga amor.

-Ten cuidado con mi culo. -Álvaro le elevó la cara para besarle y entre risas le dijo.

-Tu culo no es especial aunque sabe delicioso, te gustará sentirlo violado, un culo tan sabroso merece tener una polla dentro. -tuve que empujarle de las caderas para que bajara el cuerpo y llegar con mi verga a su ano. Se la puse sin apretar en la entrada del culo.

Resultaba increíblemente excitante ver a mi amado Pablo, grande y fuerte, arrodillado delante de mi y entregado, el viril macho que hasta ahora no había querido tener nada que ver con ser penetrado, temblando ante un chico cuatro años más joven, pequeño y delicado que le iba a hacer sentir el primer dolor y placer de ser violado. En parte me daba pena penetrar en su culito.

-Voy mi amor. -Álvaro se había colocado de forma que pudiera acariciarle la espalda y besarle para tenerle calmado.

-Vale, no esperes más, métela de una vez. -le sujeté de la cintura y tiré de él para que sintiera la presión de mi verga queriendo entrar.

-¡Bufff! Dale, dale, no te detengas ahora.

-¡Auggghh! -una exclamación ahogada se le escapó al entrar el glande venciendo la resistencia del ano.

-¿Te duele? ¿Quieres que la saque?

-No, no, sigue, no quiero dejarlo a medias. -Álvaro sonreía irónico mientras le acariciaba al ver su cara compungida.

Ahora ya no me detuve, fui entrando despacio pero sin detenerme a pesar de que fruncía el ano dificultando la entrada. Y de pronto estaba dentro de él, con toda mi verga en su ano. Me apretaba mucho, por la estrechez de su ano virgen y por los nervios que tenía.

-¡Bufff! ¡Bufff! ¡Bufff! -respiraba con agobio resoplando.

-Tranquilo amor, ya te he roto el culito, estoy dentro de ti cariño, tu agujerito es delicioso. -me quedé quieto pero tirando de sus caderas hacía mi para que no se me saliera la verga.

Lentamente su culito se iba acostumbrando a la verga que tenía dentro, podía sentirle como apretaba y soltaba mi polla rodeada por su culo, el rictus de desagrado que tenía se le fue dulcificando, el dolor se le pasaba y comencé a salir iniciando los movimientos coitales, al principio muy cortos sacando solamente unos centímetros para volver a metérsela.

-Me gusta Ángel, no me duele.

-Dale gatito, fóllale ya. -y Pablo empezó a gozar una verga en su culo, comenzando a sentir placer y a mover el culo pidiendo que no dejara de moverme.

-Sí, sabe rico bebito, sí muévete, me gusta. -el ano me apretaba la verga deliciosamente y me sentía en el cielo.

-¡Mi amor! -me apoyé en su espalda dejando de follarle un momento para besarle y darle tiernas caricias a la vez que también lo hacía Álvaro.

Poco después me corría sin remedio dejándole el semen en el culo, pero sin que el se viniera. Estuvimos unos segundos quietos sintiéndome vaciar en su interior y sucedió lo increíble.

-Ahora tu Álvaro, dame tu polla. -y nuestro amigo no tuvo problema alguno en sustituirme, y sin dilación ocupar mi lugar y empezar a meterle la verga, también se quejó un segundo al sentir que el pene de Álvaro era ligeramente más gordo y largo que el mío y le entraba más profundo.

Álvaro le controlaba mejor que yo y le follaba como un maestro, con largas y profundas estocadas que le hacían gemir en voz alta, y sentí algo de envidia y celos, por que la polla de Álvaro le gustara más que la mía más pequeña.

Le montó unos minutos y yo deseaba que Pablo gozara y disfrutara su primera cogida, me introduje debajo de él y empecé a mamarle la deliciosa verga, sabía que estaba pasándolo bien por la cantidad de jugos que le salía por la boquita del glande, me lo metí en la boca y comencé a chuparle para que los juegos no se perdieran en la sábana.

No tardó demasiado en gritar su placer, bajando el cuerpo para hacerme tragar toda su verga y descargarse los huevos dentro de mi boca.

Me ahogaba en ese momento, Álvaro se estaba corriendo dentro de él y soportaba contra mi cara los cuerpos de mis dos amantes.

Nos desacoplamos y Álvaro sacó la verga del culo de Pablo y éste dejó mi boca vacía salvo por el esperma que aún no terminaba de tragar, nos besamos como nunca, compartiendo nuestros sabores y haciendo uno de los tres.

Esa noche las pocas horas que quedaban hasta el amanecer, las pasé dando vueltas en la cama y pensando en los acontecimientos vividos estos dos días.

Sentía mi amor por los dos chicos renacido, aumentado al saber que podía pertenecerles a los dos, sentirles como mis amantes y mis dueños, y a la vez saber que ellos sentían algo parecido a lo mío.

Al día siguiente la nieve había desparecido de las calles y pudimos subir en el funicular al Igueldo, y pasear por los caminos liberados para poder caminar, comimos en uno de los restaurantes que allí hay con el espectáculo de la maravillosa bahía delante de nuestros ojos.

A partir de aquel fin de semana compartido, nada volvería a ser como antes, ahora nos conocíamos mejor y sabíamos de nuestros gustos y deseos. Eramos tres en uno aunque sabiendo que nos debíamos el respeto a la libertad personal de cada uno.

Seguirá…

(9,60)

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