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Mirando y hablando se puede acabar follando


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Faustino era un hombre maduro al que hacía años había dejado su esposa Angelina, una mujer 20 años más joven que él. Vendiera todas sus posesiones en el pueblo -menos una casa- y se fuera a la ciudad a vivir con Andrés, su hijo, un abogado de 28 años, alto cómo el, 1.79, moreno cómo él, y trabajador cómo él.

Estaban delante de un ordenador en el despacho que tenía Andrés en su ático.

-¿Ve, padre? Aquí se toca para poner la cámara. Aquí para poner la voz...

-¿Y cómo dices que se llama esto?

-Whatsapp.

Faustino, sentado en una silla giratoria, alzó la vista, miró para su hijo que estaba de pie a su lado, y le preguntó:

-¿Y con esto se podría ver las vacas desde casa cualquier paisano?

-Esta clase de comentarios nunca los haga delante de mis amigos.

A Faustino no le sentaron bien las palabras de su hijo.

-¿Te avergüenzas de tu padre, hijo?

-No, padre, pero al vivir en la ciudad hay cosas que es mejor no comentar.

Un mes más tarde ya Faustino dominaba el ordenador de su hijo cómo si llevara años usándolo.

Una noche que Faustino miraba un video porno y se la pelaba, sonó la musiquilla del whatsapp. Pensó que podría ser algo urgente y le dio para saber quién era. Era una chica joven y su voz era muy dulce. Oyó cómo le decía:

-Pon la cámara.

La puso y vio la cara de una joven morena, casi mulata, preciosa, que sonriendo le decía:

-Hola, cariño.

Debía ser la pareja de su hijo. Le iba a decir que su hijo no estaba, pero vio cómo la cámara bajaba y mostraba una teta grande, con una bella areola marrón y un gordo pezón. Vio cómo la magreaba, cómo la lengua de la joven lamía el pezón, y cómo sus dedos la apretaban... Cómo hacía lo mismo con la otra teta. Debía apagar la cámara, pero tenía la polla en la mano y aquello era mejor que un video porno. La joven le dijo:

-No te veo. ¿Qué estás haciendo?

Faustino guardó silencio. La joven, le dijo:

-Sé que te estás tocando.

La cámara bajó y llegó al coño peladito. La joven lo abrió y se tocó el clítoris con un solo dedo... Volvió a verse su linda cara... Faustino empezó a sentir sus gemidos. Volvió a ver sus tetas, cómo lamía los pezones, como se las apretaba y se los pellizcaba... Volvió a ver su coño mojado. El dedo acariciando el clítoris fuera del capuchón. Era cómo un bucle, se repetía todo... La cara de la belleza morena iba reflejando el placer que sentía... Al final tres dedos volaron sobre el clítoris y Faustino vio la cara de placer de la joven al correrse. Sintió sus gemidos, y corriéndose cómo un toro, apagó el ordenador.

Al rato sonó el teléfono de la casa, Faustino, pensando que era su hijo, lo cogió.

-¿Sí?

Oyó la voz de la joven que se hiciera el dedo. Le preguntaba:

-¿Quién es usted? ¿Qué hace en casa de Andrés?

Faustino no quería identificarse.

-¿Quién eres tú?

Hubo un silencio. La tensión se podía mascar.

-¡No me diga que Andrés no está en casa!

-Sí te digo.

La joven estaba muy cabreada.

-¡No me diga que vio cómo me masturbaba!

-Sí te digo.

-¡Asqueroso voyeur!

Faustino, se empezó a preocupar.

-Más que asqueroso, guarro, me gusta hacer guarradas, pero no soy Boyer, soy Faustino. ¿Se lo vas a decir a Andrés?

-¡Por supuesto! Y si es un amigo suyo lo va a capar. Sé cómo es mi primo.

A Faustino le saltaron todas las alarmas.

-¡¿Primo?! ¡¿Pero tú quién eres?!

Ya lo tuteó.

-La que te va a joder la vida.

-Ya, pero. ¿De quién vienes siendo para ser su prima?

-De Angelina. La que se vino para la República Dominicana.

-¡Eres la hija de la gran puta! La víbora no cambió. No eres su prima, nena, eres su hermana, y tu madre lo sabe.

La joven no daba crédito a lo que oía.

-¡¿Qué carajo estás diciendo?!

-Que sois hermanos de leche. ¿Nunca te habló tu madre de Faustino?

-¡¿No serás el hijo puta del Faustino?!

-El cornudo del Faustino. Y tú estás cometiendo un incesto por culpa de la braga floja de tu madre.

-¿Y tú no lo cometiste al hacer una paja conmigo? ¿Le vas a decir a Andrés que somos hermanos por parte de madre?

-No, le causaría un trauma. Deja de hacer tonterías con él.

-No hago tonterías, follo con él.

-¿Y cómo se hace eso estando tan lejos la una del otro?

-Estoy de vacaciones en un hotel con todos los gastos pagados por Andrés, y no pienso dejar de follar con él. ¡Me importa un carajo que sea mi hermano de leche!

-Tú sabrás lo que haces. ¿Quieres que te diga la verdad? Yo tampoco me arrepiento

-¿De qué?

-¿Cómo te llamas, nena?

-¡A ti que te importa!

-Tienes razón. Cuando se quiere serrar... ¿Qué importa cómo se llame la aserradora?

-Mi nombre es Anna. ¿De qué no te arrepientes?

-De ver cómo te tocabas, Anna. En mi vida había visto tanta belleza junta... Ni rostro tan bello, ni tetas tan perfectas, ni culo tan apetecible, ni coño tan rico, por no hablar de las piernas, o de tu boca... Cualquier hombre mataría por un beso tuyo.

El tono de voz de Anna, cambió. Era más sosegado.

-Tus mentiras no me van a hacer cambiar de opinión.

Ahora el que se alteró fue Faustino.

-¡Quieta parada! A mí llámame Boyer, aunque no sé lo que es, llámame cabrón, que lo soy, pero mentiroso... ¡Eso no me lo llama ni Dios!

A Anna se le escapó una risilla traviesa.

-¿De verdad crees que soy tan hermosa?

-Tan, no, más.

-Yo me veo normalita.

-Eso no se puede ver. ¿Ves?

-¿Lo que?

-Que estés mal de la vista. Bueno, nena, te dejo, pero lo dicho, no me arrepiento de nada. ¡Que polvazo tienes, jodida!

A Anna le había gustado lo que le dijo.

-No creo que sea la cosa para tanto.

-Yo creo que es para más. Echa un polvo conmigo.

-Tenía razón mi madre. Eres un hijo puta.

-No me culpes. La culpa es tuya por estar tan buena y ser tan bella.

-No, no soy tan guapa ni estoy tan buena.

-¿Estás para coger pan y hacer sopas?

A Anna le picó la curiosidad.

-¡¿Sopas?! ¿Con que?

-¿Seguro que quieres saberlo?

-Seguro.

-¿Y no te vas a enfadar?

-No. ¿Con que harías sopas?

-Con los jugos de tu coño después de haber pasado el pan por el ojete.

-¡Qué guarro!

-Me gusta ser guarro, ya te lo dije. Soy un hombre de pueblo. Me gusta comer coños mojados. Comer culos.

-¡¿Culos?!

-Sí, culos de mujer. El tuyo parece delicioso. ¿Mi hijo no te lo come? -Faustino pensó que metiera la pata-. ¿Ya la jodí, verdad?

-No, fui yo la que pregunté. Te dejo. Tengo que ordenar unos papeles.

-¿Eres actriz?

-Todas las mujeres llevamos algo de actriz dentro.

-Sólo una pregunta más. ¿Eres novia de mi hijo?

-No, no, somos folla amigos, chao.

-Chao, preciosa.

-Adulador.

-¡Tía buena!

-Adulándome no va a conseguir nada. ¿Cuántos años tienes?

-Muchos. ¿Tengo alguna oportunidad de ser uno de los amigos que follas?

-No eres mi amigo.

-¿Y si lo fuera?

-Chao... chalao.

-Chao, linda.

-¡Serás....!

-¿Seré?

-Quien sabe, y ahora, sí, te dejo.

Dos días después, a las diez de la noche. Anna llamaba a la puerta del ático de Andrés. Faustino, en bata de casa, abrió la puerta. Vio a Anna, vestida con un traje gris, una blusa blanca y calzando unos zapatos grises de tacón de aguja, con una botella de champán en la mano, y le dijo:

-¡Joooder! En persona aún eres más hermosa.

Anna, se dejara todos los perjuicios en el hotel.

-Tú tampoco estás mal.

Faustino pensó que Anna venía a estar con su hijo, y le dijo:

-Andrés se fue a París.

-Lo sé. Vine a jugar contigo. ¿Puedo pasar?

A Faustino le entro el subidón. Iba a mojar con una preciosidad.

-Pasa, nena, pasa.

Anna ya conocía el ático. Fue directamente a la cocina y puso el champán a enfriar en la nevera.

Al volver a la sala, le dijo Faustino:

-¿Sabes que me gustaría, preciosa?

-¿Qué?

-Que te desnudaras muy lentamente.

Anna, sonrió.

-¿Para qué?

-Para ir viendo poquito a poco tus maravillosos encantos.

-Soy normalita, de maravillosa no tengo nada.

-Eres una de las mujeres más bellas que he visto, y lo tienes todo tan bien puesto que empalmarías a un muerto.

A Anna le dio la risa.

-¡Qué exagerado! No sé si sabré hacer un striptease.

-Yo lo que quiero es que te desnudes no que hagas cosas raras.

Anna se dio cuenta de que Faustino de inglés ni yes.

Sin música, se quitó la chaqueta contoneando sensualmente las caderas y el cuerpo. Faustino, sentado en un sillón, echó mano a la polla. Anna fue quitando muy lentamente botón a botón de la blusa. Se quedó con un sujetador blanco con encajes del que sobresalían la mitad de las tetas. Faustino, exclamó:

-¡Qué hermosura!

Anna, bajó la cabeza, era como si tuviera vergüenza, sonrió, le tiró la blusa a la cara, y le dijo:

-¡¡¡Noooo!!!

-Si, eres hermosa y tienes unas tetas maravillosas. No puedes negar lo que se ve.

Anna, se vino arriba, se acercó a Faustino y le puso un zapato encima de una rodilla. Faustino, le quitó el zapato y chupó y lamió los dedos y le lamió la planta del pie, planta y pies estaban cubiertos por una media blanca. A ese zapato siguió el otro. Volvió a chupar y a lamer... Después, Anna, sin dejar de moverse sensualmente, dejó caer la falda del traje sobre la alfombra que cubría el piso del salón. Anna, quedó vestida con una lencería blanca, en la que la braguita tenía unos encajes cómo los del sujetador. Se volvió a separar de él, se dio la vuelta y se quitó el sujetador, al volver a encararlo se quitó lentamente una copa del sujetador y después la otra. A Faustino se le caía la baba ante tanta exuberancia.

-¡¡Son divinas!!

-Son normalitas y...

Faustino estaba súper excitado.

-¡Y un huevo duro! ¡¡Mira cómo se me puso la verga!

Faustino sacó el cipote, gordo y casi duro. Anna, quedó asombrada.

-¡Esa sí que es una polla!

Dejó de contonearse y le puso el coño en la boca. Faustino, la cogió por la cintura, le quitó las medias y las bragas y pasó la lengua todo a lo largo del coño peladito. Después lamió los labios del coño y le folló la vagina con la lengua... Al rato largo, los gemidos de Anna le dijeron que estaba a punto de correrse. Le dio la vuelta, le abrió las nalgas, le lamió el ojete y se lo folló al tiempo que le metía dos dedos en el coño. Anna ya se deshacía en gemidos. Cuando ya no pudo más, le dijo:

-Me voy a venir.

Le volvió a dar la vuelta, le metió el dedo pulgar en el culo, apretó su lengua contra el clítoris, erecto y fuera del capuchón, lamió con celeridad, y ¡Booom! Anna, con un terrible temblor de piernas comenzó a correrse, mientras decía:

-¡¡¡Qué riiiiico!!!

Al acabar de correrse y de llenar la boca de Faustino de jugos, se dio la vuelta y se sentó sobre su verga. Con el coño empapado la clavó hasta las tranca, Faustino le agarró las sedosas y esponjosas tetas, se las magreó y jugo con sus pezones. Anna, lo folló suavemente, al principio, más a medida que se iba poniendo cachonda, echaba el culo hacia atrás con más fuerza. Cuando ya estaba cachonda, cachonda, tan cachonda que echaba por fuera, le dijo:

-Dime cosas fuertes.

-En un momento que te descuides te voy a reventar el culo, puta.

-Llámame puta otra vez.

Faustino la nalgueó, después le pellizcó los pezones, y le dijo:

-Puta, puta, más que puta! ¡¡Te voy a romper el coño!!

La agarró por las caderas, se levantó, hizo que se apoyase con las manos en el respaldo del sillón, Anna, separó las piernas y se la clavó a romper.

-¡¡¡Chof chof chof...!!!

-¡¡¡Clava, cabrón, clava, cabrón, clava, cabrón, clava!!! ¡Ay qué me vengo, ay que me vengo! ¡¡¡Me veeeengo!!!

¡Y cómo se vino! Se corrió cómo una loba, solo le faltó aullar, ya que sus gritos se oyeron en toda la manzana.

Faustino, aun corriéndose Anna, se la metió en el culo, despacito... Unos minutos más tarde, Anna, con dos dedos dentro del coño, al sentir la leche calentita de Faustino dentro de su culo, se volvió a correr retorciéndose de placer y gritando de nuevo.

Andrés, que había perdido el vuelo a París, al entrar en el ático sintió los últimos gritos de placer de Anna. Fue la sala y allí se encontró con su padre con la bata abierta y la verga colgando, y a su amiga apoyada al sillón echando leche por el ojete. Le dijo a Faustino:

-¡No perdiste el tiempo, papa!

Anna y Faustino, sorprendidos, se dieron la vuelta. La situación no era cómoda. Le dijo Faustino:

-La cosa es lo que parece, hijo.

A Andrés le dio la risa.

-¡Ya lo veo, papá, ya lo veo!

Anna, le preguntó a Andrés:

-¿Y ahora, qué?

Andrés dejó a un lado el maletín que traía en una mano, se quitó la chaqueta y la corbata, y le dijo:

-Ahora me pica. ¿Alguna vez mamaste dos pollas a la vez, Anna?

-No, ni he sentido dos pollas dentro de mí. ¿Qué se sentirá?

-Creo que no tardarás en saberlo.

Anna, fue junto a Andrés, le bajó la cremallera de la petrina y le sacó la polla, que estaba a media asta. Era pequeña comparada con la de Faustino, pero perfecta para que se la metiera en el culo mientras Faustino le follaba el coño, si era capaz a ponérsela dura de nuevo, claro. Se puso rodilla en la alfombra, y le dijo a Faustino:

-Ven.

Anna cogió las dos pollas y meneándolas fue lamiendo y mamando pollas y pelotas -restos de leche salían por su ojete, que se abría y se cerraba-. Sabía lo que hacía, lamía desde la base a la coronilla, chupaba, meneaba y apretaba las cabezas con dos dedos... Si sabría lo que hacía que al rato ya pusiera las dos pollas duras cómo piedras.

Se levantó, sin soltar las pollas, y tirando de ellas, les dijo:

-Quiero que me matéis a polvos en la cama.

Al estar al lado de la cama de Andrés, empujó a Faustino sobre ella y se echó encima de él.

Faustino, le dijo a su hijo:

-Cuando yo se la meta tú se la sacas, y viceversa. No deben coincidir las dos pollas dentro que le molestaría.

Se ve que Faustino estaba puesto en el tema. Anna, le dijo a Andrés.

-Espera un poco.

Cogió las tetas y apretándolas se las dio a mamar a Faustino.

-¡Mama, viejito!

-¡Te las voy a devorar, putita!

Andrés, que meneaba la polla, se extrañó de aquel comportamiento, pero se calló.

Faustino le devoró las tetas... Después, Anna, le puso el coño mojado en la boca. Faustino le comió coño y el culo hasta que Anna, volviéndole a dar las tetas a mamar, metió la polla en el coño y folló a Faustino hasta que le empezó a picar una cosa mala.

-Ahorita, Andrés, ahorita métemela en el culo.

Andrés, sin condón, se la fue metiendo despacito, hasta llegar al fondo. Después empezó el mete y saca. Cuando una polla salía del coño la otra polla entraba en el culo, y viceversa. La vagina se abría y se cerraba al salir la polla y cuando salía del culo se abría y se cerraba el ojete, era como si estuviera a punto de correrse continuamente. El placer que sentía hacía que se mojase más, y más y más y que sus jugos fuesen encharcando las pelotas de Faustino. Correr, se corrió cuando le comenzó el hormigueo en los pies, cuando las piernas se le pusieron rígidas y cuando el ojete y la vagina se le cerraron al mismo tiempo. En ese momento, algo explotó dentro de su coño, y exclamó:

-¡Vueeelo!

Anna ya sabía lo que se sentía al correrse con una doble penetración... Se moría de placer mientras se flotaba cómo si se estuviese en una nube. Lo que no sabía era que al ratito se volvería a correr, y a volver a morir de gusto con los ojos en blanco, agarrando las sábanas con las manos, gimiendo, jadeando, chillando... Y así seis veces hasta que padre e hijo le llenaron el coño y el culo de leche.

La noche fue larga... Anna, era insaciable.

Quique.

(9,87)

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