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Las aventurax de Pilar. El inicio de la lujuria. Aventurax 3.1


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Cuando la dejé en casa de sus padres después de cenar, quedamos en vernos al día siguiente por la tarde, los dos necesitábamos un descanso, para ir un rato a la playa.

—He recibido un mensaje de Ángel —dijo al entrar en el coche, antes incluso de darme el beso de saludo.

Mi bañador dejó entrever mi erección. No hacía ni un día que el cabrón se había follado a mi novia y ¿ya la esta reclamando?

—¿Ya? —preguntó al ver el considerable bulto entre mis piernas—, si todavía no te he dicho lo que quiere.

—Me lo puedo imaginar —le dije sonriendo—. ¿Qué te ha dicho? —le pregunté mientras ponía primera y me encaminaba hacia la playa.

—Que mañana se vuelve a Madrid después de comer y estará un temporada sin venir, que si quedamos por la mañana para despedirnos.

—¿Y qué le has dicho?

—Todavía nada. ¿Qué te parece?

—Ya sabes que a mí me parece bien. Siempre que tú quieras, claro.

—Hombre... si va a estar una temporada sin venir estaría bien despedirse.

A mi novia le estaba empezando a gustar mucho volver a follarse a su ex. Cada vez la veía más suelta y disfrutando de la situación y a mí me encantaba.

—Pues queda, mi amor. Así tendrás la oportunidad de follártelo a pelo.

—¿Estás seguro de eso?

—Claro, si te apetece hazlo, seguro que disfrutas mucho más. Pero tened mucho cuidado —advertí.

—Si cariño. ¿Luego quedaremos tú y yo?

—Claro, cuando él te deje en casa quedamos y así te pillo calentita.

—¿Quieres tenerme recién follada?

Paré el coche en un callejón y le indiqué a Pilar que se viniera al asiento trasero. Le subí un poco el vestido para quitarle las bragas del bikini. Saqué mi polla del bañador y le dije que se subiera.

—Sí, quiero desnudarte y ver las marcas en tu cuerpo —le dije mientras se la metía—. Quiero oler tu piel impregnada de su olor. Quiero besarte y probar su sabor. Quiero lamerte el coño recién follado y oliendo todavía a su polla —le contesté mientras me cabalgaba—. Quiero meterte la polla justo después de que él te la meta.

—¡Joder! —exclamó—, que cachonda me estás poniendo. ¿Sabes qué me gustaría? —me preguntó acelerando el ritmo.

—¿Qué te gustaría, putita? —quise saber, muy excitado.

—Que se corriera en mis tetitas y luego tú me las comieras como un buen cornudito —dijo llegando al clímax.

—Pues no te las limpies y luego te las limpio yo con mi lengua —le propuse, sacándole la polla y derramándome en su vientre.

—Me gusta que estés así de putita —le dije mientras me limpiaba la polla con un pañuelo.

—Y a mi que te guste tanto ser mi cornudito —respondió ella limpiándose el coño y los restos de mi semen.

Cuando llegamos a la playa había bastante gente. Pusimos las toallas en un hueco que vimos y dejamos la bolsa. A nuestro lado había una pareja de gays, al otro lado una mujer de unos cuarenta, con otra más mayor, posiblemente su madre y en frente nuestro había un grupo de cuatro chicos de dieciséis, diecisiete años. Yo me quité la camiseta y me agache mientras Pilar se quitaba el vestido, para coger el bote de crema de la bolsa. Cuando levanté la cabeza, flipé. ¡Se había quitado la parte de arriba del bikini! Yo pensaba que al haber tanta gente no se la quitaría y menos habiendo delante nuestro cuatro chavales con las hormonas a flor de piel. Tuve que agacharme rápido para que no se notara que estaba empalmado. Allí estaba ella, de pie con las tetitas al aire delante de aquellos chavales que no le quitaban los ojos de encima.

—Pásame la crema —me dijo mientras se sentaba en la toalla.

Yo le pasé el bote y no puede hacer más que observar la escena, mi novia acariciándose el cuerpo, tetitas incluidas, delante de los chavales que flipaban casi tanto como yo. No sabía si ella no se había dado cuenta de la situación o si nos estaba provocando a los cinco sin que nos diéramos cuenta. Los chavales intentaban disimular pero en sus caras se reflejaba el deseo y yo me estaba poniendo tan cachondo que tenía ganas de que se la follaran entre los cuatro.

—¿Me hechas en la espalda? —me preguntó sacándome de mis pensamientos lascivos.

—Vaya show les has dado —le dije mientras le esparcía la crema por la espalda—. No dejan de mirarte.

—¿Y a ti te ha gustado? —preguntó guiñándome el ojo.

—Más que a ellos —admití.

Estaba muy cachondo, quería seguir jugando, así que puse un poco de crema por sus piernas para que me sirviera de excusa y poder tocarle el culo. Se la extendí hacia arriba colando mi mano por debajo del bikini, como ella no opuso resistencia deslicé su braguita azul claro, que estrenaba ese día, por entre sus nalgas dejando los dos cachetes al descubierto y seguí esparciendo la crema por su culo blanquito ante la atenta mirada de los chavales. Tenía la polla apunto de reventar y seguro que ellos también. La tentacion de tocarle el coño mientras nos miraban era irresistible, quería apartarle el bikini y meterle los dedos en el coño... Tenía que parar o iba a acabar folléndomela allí mismo.

—¿Por qué me pones tan cachondo? —le dije tumbándome a su lado.

—Porque me gusta ponerte cachondo, notar tu deseo, ver como crece tu polla y tus ganas de metérmela —respondió acariciando mi brazo—, se me moja el chochito cuando me miras excitado y me entran muchas ganas de que me beses, me acaricies, me lamas...

—Para, para —le pedí—, como sigas diciendome esas cosas me voy a correr.

—Haz un cigarro y así te relajas un poquito —me pidió sonriendo.

Me incorporé y cogí la bolsa. Abrí el bolsillo y saqué el tabaco, una boquilla y el papel. Lié el cigarro con calma. Cuando lo tuve acabado lo puse un mi boca, recogí el tabaco y el papel y los metí de nuevo en la bolsa. Cogí el mechero, pero al primer contacto con la piedra una idea maliciosa pasó por mi cabeza y no llegué a sacarlo de la bolsa.

—Tenemos un pequeño problema —le dije a Pilar volviendo a tumbarme a su lado.

—¿Qué pasa?

—Me he dejado el mechero —mentí.

—Bueno, no pasa nada, hay mucha gente, seguro que puedes pedir uno.

—No.

—¿No? —preguntó sorprendida.

—No.

—¿Qué estás pensando? —preguntó al verme sonriendo.

—Quiero que se lo pidas tú a los chavales.

—Ahora no me voy a poner el bikini para ir a pedirles fuego, cariño.

—Mejor —admití.

—¿Qué? ¿Quieres que vaya a pedirles fuego con las tetas al aire?

—Sí —contesté con mi polla creciendo.

—Nononono

—Venga, va —dije pasándole el cigarro.

—Que no, locazo.

—Bueno, pues aquí te lo dejo para cuando quieras —le dije dejando el cigarro a su lado y tumbándome al Sol.

Pasado un rato, el calor ya se me hacía insoportable y le dije a Pilar que me iba al agua. Ella se quedó tumbada tomando el Sol y yo me fui caminando por la ardiente arena hasta la orilla. El agua estaba perfecta, así que me zambullí sin demora y estube un rato nadando. Cuando ya me disponía a salir, vi como Pilar se levantaba. Yo todavía estaba lejos y di unas brazadas hacia la orilla, ya que pensaba que mi novia se dirigía al agua, pero mi sorpresa fue tremenda cuando vi que se acercaba al gupo de chavales y se arrodillaba. La polla se me salía del bañador al verla allí agachada, sonriendo, con las tetas descubiertas pidiendo fuego. No pude evitarlo, la excitación fue más fuerte que yo y no pude controlar mi mano, me agarré la polla y empecé a masturbarme viendo como Pilar se levantaba, se despedía, volvía a su toalla mostrándoles el movimiento de su culo y se sentaba y fumaba tranquilamente mientras los chicos seguian mirándola. No tardé nada en soltar mi corrida en el agua del mar.

—Les he pedido fuego —dijo sonriéndome, mientras me sentaba en mi toalla.

—Ya lo he visto.

—¿Y te ha gustado?

—Tanto que he tenido que correrme.

Ella sonrió, me besó y volvió tumbarse boca arriba. Yo fumaba tranquilo, relajado después de correme, mirando las preciosas piernas de mi novia.

—¿Has acabado de fumar? —, me preguntó incorporándose.

—Todavía queda un poco —, respodí pasándole el cigarro mientras contemplaba su piel brillante por el sudor.

—Tengo calor —dijo después de pegar una calada y devolvérmelo —¿te vienes al agua?

—Me acabo esto y vamos.

—Allí te espero —dijo levantándose.

Aspiré una nueva bocanada de humo mientras observaba el movimiento del culo de Pilar. Los chicos de enfrente la seguian con la mirada y ella les sonrió mientras se dirigía, con su cuerpo sudoroso y casi totalmente desnudo, a refrescarse en el agua de la playa.

Desde mi posición podía ver a Pilar zambulléndose en el agua y escuchar levemente a los chicos hablar entre ellos de lo buena que estaba mi novia. Acabé de fumar y me levante para irme con ella. Los chicos me miraron al pasar a su lado y yo los saludé con una inclinación de cabeza. Me metí en el agua y nadé para llegar hasta Pilar. Cuando llegué a ella la abracé por detrás, el agua nos llegaba a la altura del pecho por lo que aproveché para acariciarle las tetitas, que al ser más bajita que yo, estaban totalmente cubiertas por el agua.

—Tienes a los chicos ardiendo —le dije mientras le daba la vuelta para poder besarla.

—La que está ardiendo soy yo —me contestó antes de besarme ardientemente.

—¿Y eso por qué?

—Me he puesto muy cachonda viendo como me miraban las tetitas cuando les he pedido fuego.

—¿Si? —pregunté sonriéndole.

—Sí, notaba como se me mojaba el cochito.

—Mmmm... —exclamé con la polla dura mientras colaba mi mano por dentro del bikini de Pilar lo más disimuladamente que podía.

Ella se acercó más a mi cuerpo y empezó a besarme y moverse para rozar su coño, mojado del agua de la playa y de sus jugos, contra mis dedos. Se movía lentamente para no llamar la atención mientras yo hacía movimientos circulares con mis dedos para estimular su clítoris. Pilar estaba muy cachonda y buscaba mi polla cuando yo vi que los chavales estaban en el agua, jugando con una pelota no muy lejos de nosotros.

—Mira quien se ha metido en el agua también.

Pilar me agarró la polla con fuerza al ver a los cuatro chicos.

—Estoy tan cachonda que me los follaba a los cuatro

—¿A los cuatro a la vez? —le pregunté colando mi dedos dentro de su coño.

—Sí, sus cuatro pollas para mí —contestó dejando escapar un gemido.

Era verdad que Pilar estaba muy cachonda, y yo también. Notaba mis dedos pringados dentro de su coño y por la manera de agarrarme el rabo, sentía que deseaba más. Era treméndamente excitante tener a mi novia ardiendo de deseo en una playa llena de gente, quería llenarla con mi rabo duro o mejor todavía, darle lo que ella deseaba.

 

Continúa leyendo en el blog oficial de las aventurax de Pilar.

(9,50)

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